Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.
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Sin esas más de mil palabras, no habría imagen.
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Poner la poesía en el lugar de la religión es peor que poner la religión en el lugar de la poesía.
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Tensión entre palabras. Entre lo necesario y lo afinado. Como en las cuerdas de un instrumento musical. No obstante, para navegar hay que vivir —aun cuando ambas acciones se puedan hacer mal. Y, para vivir, pudiera parecer que estamos obligados a navegar. (Todas suposiciones, claro.) Un día salís de tu casa y quedás tirado por ahí con una bala adentro —¿habrías salido de haberlo sabido?... Lo trágico es que tal como están las cosas, no te animarías a salir nunca. A navegar, me refiero. A ver si esa cuerda está afinada. A elegir barco. O canción. O último lugar.
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Me resigno a oír aunque no quiera: los gustos de los ajenos trazan el mapa que la arena cuida hasta el fin de la bajamar.
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Poco me importan las cuestiones que tanto se esmeran los ajenos en demostrar que les importan; no obstante lo cual, sigo siendo el más sincero.
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En el principio, hubo un mapa; después, que caminar.
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Estas sentencias de pocas palabras son traicioneras. Peor cuando son recorte y pierden su contexto. La vuelvo a leer y me agarra esa risa nerviosa de quien espera su dead man's walk.
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Las reacciones inmediatas —las de la espontaneidad— pudieran ser sinceras, pero no siempre aconsejables.
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Me provoca una cierta incomodidad la gente que va por la vida como si ésta le estuviera en deuda.
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Si la existencia de las leyes se basa en la creencia de que sin ellas saldríamos a matarnos, ¿cuál es la diferencia?
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Una buena parte de la democracia moderna apoya sus bases en la anarquía.
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Sin negocio, no hay política.
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Me preocupa, claro que me preocupa, la reacción que pudiera tener el caníbal cuando se dé cuenta de lo que tramamos.
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Por más atrincherado, todavía me sorprenden las personas que, seguras del nulo fundamento científico del psicoanálisis, salen corriendo para no llegar tarde a la sesión de aromaterapia.
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La voz escribe en el aire.
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Deseo el poder... Deseo el poder de andar... Deseo el poder de andar tres pasos sin tener que encontrarme con Sai Baba.
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El secreto está en hacer que parezca fácil.
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Una palabra y una palabra; una línea y una línea.
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Mi paraíso es la penumbra.
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Si la supervivencia de la Tierra dependiera de los poetas, estamos fritos. Ahora bien; si la supervivencia del Mundo dependiera de los poetas, no puedo esperar a ver cómo termina.
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Al final, estos poetas resultaron la misma lacra que el resto: parados sobre el mundo, creyéndose mejores y soltando grandilocuencia profética sobre cómo la poesía (o sea sus sacerdotes) va a salvar no se sabe bien qué.
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Lo viejo, si bueno, dos veces viejo.
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How come I'm still here?
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Que con el arte se pueda jugar no lo vuelve un juguete.
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La buena literatura no se hace con la verdad.
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Ah... Los sentimientos... Esa cosa mágica de la que nadie duda... Nunca aprendidos. Como si hubieran llegado en un plato volador.
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Los verdaderos profetas cierran la boca.
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La desilusión es un cuchillo de carnicero.
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No tanto desde un vuelo... Más parecido a una excavación... O ni siquiera: un arrastrarse —tipo reptil.
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La ortografía está más cerca de la belleza que de la norma.
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No hay reloj capaz de medir el coloquio de esta lluvia.
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Being lonely is just an opinion.
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Salvo en arte, me parece muy bien que el sentido común camine delante de la originalidad.
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No me molesta que una persona quiera alimentar a otra que se está muriendo de hambre en el medio del África. Siempre y cuando también alimente a las que se encuentre por el camino.
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Hay un camino y hay un camino y hay un camino... y, aun cuando los pasos parecen estar decididos de antemano, hay unas pocas veces cuando lo escrito falta escribirse. Cuando me es dado, elijo esas pocas veces.
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Por más que los ajenos digan que son sus maneras de mantenerse jóvenes, las voy a seguir llamando pendejadas.
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Ah... Cómo quiero que regrese aquel viejo aburrimiento.
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Como se fue de boca, aprovechó y se hizo revolucionario.
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Trato de no acercarme a esos muchachospocoseso admiradores de Bukowski que creen que Old Hank se acercaría felizmente a compartir su mesa. Y lo peor de todo es que están en lo cierto —en tanto le paguen las cervezas.
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Cuando se juntan dos boludos felices, no hay con qué darles.
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Nada más lo inútil merece la memoria.
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Real — is a matter of perception.
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Si la Internet está controlada por los grandes capitales. ¿Qué quiere decir que la revolución se dará desde la Internet?
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Nada se hace desinteresadamente.
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Cada vez que anoto una cita en el cuaderno de notas, queda liberada; mientras que el resto —lo que la rodea— queda encerrado en el vértigo del afuera. Cuando esto me pasa con un poema: señal de que el resto vale poca cosa. Sí...; las condenas se toman vacaciones. Y regresan.
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Hay personas tan buenas, tan pero tan buenas, que me producen el mismo efecto que las empresas privadas de seguridad.
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Quieren a ése en quien, esperan, te conviertas alguna vez.
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Citar un autor es hacerle decir lo que se le antoja a otro.
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Nunca antes se había producido tamaña denigración de la palabra “amigo” como desde la aparición de FaceBook.
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Basta que uno de mis gustos aparezca paseado por el FaceBook para que comience a tener mis dudas.
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Difícil; ¿eh?... ver al otro cuando mastica alquitrán y encima le gusta.
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Ninguna buena acción queda sin su castigo. (Afano que igual me persigue)
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El género humano se encontrará con su extinción el día cuando no haya más boludos.
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Somos los restos de algunos días, las semillas que la oscura nos regala.
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Es más fácil darles de comer a los gatos de la estación que a los chicos que andan vagando por las vías.
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Nunca hasta la llegada del FaceBook quedó comprobada con tanta precisión la manera como andamos masticados por la estética de las agencias de publicidad.
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Hoy en día concientizar se traduce como vender la conciencia propia al otro —vender, claro, o darla en arriendo.
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Es más fácil salvar la Humanidad que ayudar al croto que duerme en la esquina.
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Ahora resulta que emitir una opinión significa deslealtad.
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Aun en el extremo del final de todos los apocalipsis seguimos bailando al compás que resulta de cómo las agencias de noticias tiran de nuestros piolines.
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Parece que hoy es el día de la poesía... ¿Se puede caer más bajo? Y... Sí... No hay manera de frenar.
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Para Xuyuz todo es un campeonato: el mejor cuento de Cortázar, el mejor poema de Sexton, el peor día de su vida, la mejor milanesa del barrio, el chorro más largo de la Tierra... Debo confesar, eso sí, que hay días cuando, contagiado por su entusiasmo, se me da por pensar que su mayor mérito (puede que el único) sea el de provocarme repugnancia.
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Los poetas: masa informe donde gato por liebre.
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Estoy pensando seriamente en la compra de un Ferrari Tesla.
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Ah... Estos escritores de las relaciones públicas... Donde la ambición opaca el talento.
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Como el Viejo solía decir: “Siempre conviene desconfiar de quien no sabe disfrutar de un vaso de buen whiskey... incluso también cuando no tan bueno.”
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A todos nos irá mejor sin tantos promotores. Dejemos que muera lo que morir deba —o quiera: Basta de promover la lectura.
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Prefiero no andar comprometiéndome con cualquier cosa. Mucho menos con el tiempo. (Cuyo dueño está por verse)
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He llegado a la conclusión de que solía ser más valiente —o intrépido. Hoy no salgo en la Colo ni con armadura.
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Si queda alguien que cree que se puede ser cabecilla sin ser malandra, que levante la mano.
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Los integrantes de U2 murieron en 1990 y fueron reemplazados por estos androides recubiertos de esponja electrocibernética que anda, dale que dale, por el mundo.
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Mi problema con los pacifistas profesionales es que, con el fin de la guerra, se quedan sin negocio.
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Una hechicera jamás revelará su condición; salvo por amor. Un hechicero jamás revelará su condición; por amor ni siquiera.
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¿Nada más a mí me causan gracia las siglas con se denominan a sí mismas las distintas asociaciones de escritores?
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Cuando era chico los boludos eran más inteligentes.
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Afirmar que quien no está con uno está en su contra tiene la particularidad de volverse inmediatamente cierto.
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Inexplicable tristeza cuando me cruzo con una persona que llora en la calle.
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Nada ha sido igual en la ciudad de Buenos Aires desde que sus habitantes comenzaron a preguntarse adónde fueron a parar los pasajeros de los subtes F y G.
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A cada muerto le sobran buitres.
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Dos horas para convencer al oficial de la bonaerense de que el sobrecito de sal en el bolsillo de mi saco era para consumo personal.
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La política de los políticos es como la publicidad de McDonald's: todos saben que el sandwich no es así, pero lo compran igual.
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No hay caso: estos políticos no tienen la más mínima intención de dislocar el sistema financiero cuyos popes nos tienen agarrados como si ellos fueran los halcones y nosotros las ratas.
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Mil niños mueren mientras escribo estas líneas que pegan debajo del cinturón.
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Internet: apenas un paso hacia la victoria de la chabacanería.
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Cada minuto en la Internet utilizado para salvar a los niños del mundo es un minuto perdido que no se puede ya usar para salir a la calle y ayudar al niño que vive en la casa de al lado.
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Hay quienes dicen estar aburridos cuando deberían decirse aburrados.
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Última noticia: La escuela no le gusta a nadie.
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Llega la feria del libro... y abajo los liensos.
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En una sociedad en la que cada uno de sus miembros es culpable de algo, ninguno puede acusar a nadie. En una tal sociedad, bien podría uno cualquiera, por medio de la fuerza o de la voluntad de la mayoría, o de la fuerza puesta a sobornar la voluntad de la mayoría, alzarse con el poder. Una de las condiciones para mantenerse ahí sería la de mantener cubiertas las necesidades, es decir los deseos, de tal mayoría como para que sus miembros puedan vivir sin trabajar. Claro que siempre habrá a quien le guste trabajar, tanto para el bien como para el mal, y éstos serán cazados entre las sombras; sin jueces y sin jurados, serán expulsados al otro lado de la frontera, justo ahí donde sobrevive el enemigo. Pero no todos podrán ser atrapados. Algunos aprenderán a escribir en papeles encontrados por ahí o fabricados según el oficio determina; y los meterán en botellas y los enterrarán en los basurales, para que los encuentre algún arqueólogo y los rompa por accidente.
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Existe el FaceBook gracias a que en alguna parte todavía hay esclavos.
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Ya está... Todo listo para llevar la cuenta de cuántos se van a matar mañana.
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Sigo leyendo los Collected Works de Flannery O'Connor. Ya pasé por sus páginas literarias (de intención: novelas y cuentos) y ando ahora por las cartas (quizás debería haberse llamado Collected Words); voy por la página mil y pico: no podría estar más de acuerdo con ella —con quien no estoy de acuerdo en la mayoría de las veces.
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Las mañanas de mayo en este barrio hacen que uno regrese sobre el tema de la vida sin fin.
(Dije la vida sin fin... No, la pacatería sin fin.)
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Hay refranes que resultan ingeniosos hasta que dejan de serlo; una vez llegados a ese punto, se vuelven una barranchutada.
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Ahora que Marta Minujín está por inaugurar su Torre de Babel, no me siento tan culpable por haber usado el libro de Sabato para que no se mueva la mesa.
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Ah... lo bueno de tener a quien confiar esas cosas que ni loco publicaría acá...
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Sulofimia del día: Hay una gran diferencia entre ser una buena persona y hacer todo lo posible para que los demás así lo crean.
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No voy a dejar que alguien dueño de riquezas materiales decida mi futuro; el día de mañana señalará para mí lo mismo que, para conseguirlas, ya señalara para otros.
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Necesito hacer lugar así que voy a poner a la venta muchos libros de mi biblioteca —tengo toda la intención de comenzar por ésos que no voy a leer de nuevo ni recomendaría a mis hijos. Sí; hace rato que les tenía ganas. La carne es débil... pero más el papel.
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Incluso en un jarro del mejor acero inoxidable, la leche hierve, y se derrama, y apaga el fuego que la hierve, quemándose.
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A comienzos de los setenta, llegó un hombre a contarme sobre el Corto Maltés. Ahora ha regresado para contarme una historia sobre tierras lejanas. Je... Lo que para algunos es lejos, para otros es un paseo antes de la cena.
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Todos corderos de las agencias de noticias.
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Entre salvar a una persona y salvar unas manchas sobre papel no hay titubeo; sin embargo, llueven las dudas como piedras cuando amerita quemar todos los papeles del mundo.
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Mucha banderita... pero todos quieren pasar primero... sacar el lugar a quien fuere.
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Hablar bien: hablar sin adoctrinamiento
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Hasta el bien busca ojos entre los ciegos.
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No hay caso: a la hora de la verdad, la gran mayoría termina prendiendo el equipo de aire acondicionado.
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Como si nombrarse escritor fuera la gran cosa.
(Debería haber dicho: Como si nombrarse escritor fuera la segunda gran cosa.)
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No hay duda de esto: la prensa debe ser libre. Pero, cuando la prensa actúa al servicio de intereses particulares —políticos, militares o de empresas—, nos vamos al carajo. Y nos vamos.
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A unas gentes entre las que el conocimiento no es un valor ya no se las puede llamar pueblo.
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Como si nombrarse fuera la gran cosa: El nombre borrado... Ahí nos quiero ver.
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Un pueblo que no cuida a sus maestros termina en la pobreza.
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Me preguntaba el otro día cuánto tiempo pasará hasta que comencemos a salir a la calle armados.
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Cuando una persona a tenido la oportunidad de sostener charlas interesantes con personas interesantes (por lo general unas pocas, ni falta que hace que se necesite más una mano para contarlas), el resto del mundo nos revelamos como lo que somos: un montón de entes biológicos que anda de acá para allá como amebas.
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Algunos vecinos de las casas que rodean el parque hemos decidido juntar dinero para regalarles un telescopio a los políticos que nos piden nuestro voto para que, por las noches, puedan echar un vistazo a lo que hay por ahí afuera, y así, si tenemos algo de suerte (mucha mucha mucha suerte, a decir verdad), puedan percatarse de lo insignificantes que son.
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La temporada de las campañas electorales coincidirá con un nuevo campeonato internacional de fútbol... No vendría nada mal, en consecuencia, que en el cuarto oscuro, junto a las boletas, hubiera unos envases herméticos (iba a sugerir que fueran reciclables, pero ya sabemos lo inútil que ello sería) que contuvieran una mezcla de aceite, vinagre y sal.
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Encendí la tele para ver una peli y me encontré con que a la salida de la cancha de River están a los fierrazos... Y me puse a pensar que el voto de esas personas vale lo mismo que el mío.
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Cada vez que leo un libro de Iris Murdoch, siento el impulso de enviar a los escritores que conozco a realizar trabajo comunitario a las Islas Malvinas.
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Defender la escuela pública es, también, defenderla de los maestros mediocres —y de los envidiosos, los resentidos, los viles, los sociópatas.
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Otra fantástica equivocación de la especie humana consiste en creer que, dada la opción, cada uno elegiría la misma bandera que al final de cuentas le tocó en suerte.
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No he podido eliminar del todo la inquietud de aquel día cuando reparé en que, en el espejo, la izquierda era la derecha.
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Se dice por ahí que un diablo sabe más por viejo; pero lo que más sabe no se entreteje con cualquier saber sino con las artes diabólicas. Por eso, cuando un diablo busca un amigo, no lo busca entre los diablos.
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Algunas personas no tiene la menor idea de la cantidad de entrecruzamientos que sostienen las redes de aquello que llaman lo sencillo; y hay también quienes llaman complicado a aquello que para otros es lo único que hay.
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Es del sabio rechazar el trono.
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Primero hubo fe ciega en el blanco. Después, fe ciega en el negro. Y después, fe ciega en el gris.
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Me rechaza un texto empeñado en decir lo que siente quien lo escribe.
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¿Puede haber contradicción mayor que una sociedad de poetas?
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Una de las tareas más cuesta arriba del escritor es la de seguir los pasos necesarios para que sus textos ofrezcan una entrada imposible al lector ñoño. Nunca se consigue del todo, pero ello precisamente vale para realizar el mejor esfuerzo.
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Para ser un escritor aceptable, bastará con estudiar y dedicarse a escribir unas cuantas horas al día. Pero para ser un buen escritor, hay que dejarse de boludear —condición no suficiente, pero sí necesaria.
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Que lo parió nomás.
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No hay caso... Cuando se enseña la violencia...
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Viejo... ¿Qué pasa?... Ya no me puedo ir ni a Noruega.
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Tan cancheros y aun así con velas para los muertos.
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Le advierto que, según ciertos funcionarios, yo vendría a ser un gorila.
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Tormenta: En el Parque, unos cuantos árboles caídos. Otro, cerca de la esquina, bloquea media Avenida. El tanque de un edificio, probablemente el de la esquina de Puan que todavía está en construcción, voló y cayó en el Parque. El tráfico es un caos. Chapas por todos lados. Un atardecer como cualquiera.
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Me acabo de ver el primer episodio de Don Gato (ése en el que se van a Hawaii). Estoy de vuelta en los sesenta. No puedo parar de reírme.
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Al único que votaría de corazón sería a Carlitos Balá. Y no sólo eso, me sentaría como autoridad de mesa peinado con flequillo.
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Se escurre / la canción / por tus dientes
(Testamento )
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Viejo... Te morís y queda tu nombre a merced de cualquiera.
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¿Cómo sería escribir para todos?
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Antes agradecía tres o cuatro cosas interesantes de una conversación; ahora agradezco cuando se habla poco y nada.
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Para sostener la puerta, se inventó el ladrillo.
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Votaría sin dudarlo al candidato que ofreciera irse a otro país.
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Voy a escribir un libro sobre cómo fue que superé mi drogadicción; primero, claro, tengo que empezar a drogarme.
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Mejor perder con los buenos que ganar con los crápulas.
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Definitivamente; envejecer es bello.
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Iba con el auto por Yatay y, al cruzar Díaz Vélez, a consecuencia de un bache, Aspen Radio pegó un salto y apareció Bono lloriqueando en el micrófono... casi me llevo por delante los surtidores de la YPF.
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La violencia nos va a comer crudos.
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Vitam Impendere Vero.
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Salir a la calle... o no salir.
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Ventajero como taxista embotellado.
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Debatir está sobrestimado.
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Quien no sepa la diferencia entre la infancia y la niñez no obtendrá mis respetos.
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La fraternidad... mucho ruido y pocas nueces.
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Quien me dice que salir a la calle no es un peligro, que me diga dónde vive.
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Según los médicos, comer no conviene a la salud.
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Me pregunto qué tendrá la derrota que de todos modos queda como un ardor en el orto de quien ha ganado.
(Upsss... ¿Escribí eso en voz alta?...)
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Según la autoridad competente, si usted se resiste a ser asaltado y lo matan, es por boludo. Qué tal, ¿eh?
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Los legisladores están ocupándose del problema de la muerte digna... ¿Y la vida digna para cuándo?
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No me inspira confianza quien pone su ideología por encima de la vida de una persona.
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Cómo me embolan los evangelistas anti-tabaco.
(Los evangelistas no creen que lo son; son casi tan pesados como los T de J y su Watchtower)
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Ese don llamado olvido.
(Pasa que primero había pensado en “milagro” y me pareció excesivo; así que me conformé con “don”... El padrino se quedó contento; ¡qué más puedo pedir!)
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Con los años, un escritor sabe muy bien que no se puede juzgar a una persona por lo que escribe (y, si no lo sabe, debería... o no es muy buen escritor que digamos).
Una prueba tangencial de lo de arriba es el FaceBook: donde miles de personas escriben para pasar por lo que no son.
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Zas... Estaba en lo cierto la mabuela: El derrumbre comienza con la fama.
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Y llegó 1980; y elegí la contramarea (o puede que ella a mí).
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Nadie parece inquietarse por esas personas que se mueren más de una vez.
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Puede que siempre haya sido así, pero la tecnología permite un sostenido crecimiento de mi sentirme incómodo frente a lo público.
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Límites hay... y, si alguno quiere pasar, al menos que lo piense de nuevo.
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Desaparece una persona y se monta un espectáculo en el que propios y ajenos se comportan como buitres.
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Si la manera de no estar solo es acomodarse a los demás, es mejor quedarse solo.
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Voto por una campaña de control natal entre los poetas.
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Me pregunto qué diría Arlt sobre eso de ir en contra de los prostíbulos... (para tapar una lluvia de sangre nada mejor que una tormenta de arena).
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He conocido dos o tres médicos perjudiciales para la salud, pero nunca vi que tuvieran un cartel que lo avisara a la entrada del consultorio.
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Los hijos de vecino estamos desamparados como gorrión bajo el mar.
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Últimamente parece haber reflotado el uso de la palabra “bastardo”... Bueno es recordar que significa “nacido de una mujer que no es la esposa de su padre”. Por lo tanto, usarlo como insulto o incluso como depreciativo es una equivocación (por decirlo buenamente); salvo, claro, que hayamos regresado a la Edad Media (o que se trate de Tarantino).
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No hay caso; de regreso todo el tiempo al mismo sitio: el problema es la ignorancia. Y los ignorantes creen que la viveza consiste en zafar sin mayor esfuerzo. Ya me gustaría escucharlos cuando el padrino les prenda el horno.
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Sobre el latiguillo “es mi humilde opinión”: no hay opinión humilde. Hablar es alzarse, hablar de lo que fuere es ponerlo por debajo. Por eso cuando algún desprevenido se pone a hablar de su dios, espero con atención (y no sin placer) a ver cuándo le cae su rayo.
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El mediocre, acorralado por su falta de mérito, termina por acusar de arrogante, y hasta de soberbio, a quien tiene costumbre de pensar, sin percatarse del halago encubierto que le hace.
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Hijo mio —le dijo, mesándose la barba—; Dios no lo quiera, hijo mío —enfatizó—, pero si alguna vez te buscara la policía, lo que tenés que hacer es prender la televisión.
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