Baires;
28 de diciembre de 1999
Estimados
compañeros del Café Bonzai:
¿No me van a decir que este poema (ver al
pie) ya no viene valiendo por todos los momentos duros que la poesía nos depara
muchas veces? ¿Eh? Todo dicho y nunca dicho. ¡Y de qué manera! Cada dos líneas
hay algo digno de ser citado mil veces a la cabecera de textos que ¿podrán
estar a la altura? Escribir cobra la vida. Por eso, hoy, mirando entre las
notas de Guillermo Robles (¿o serían las de Fernando Roldán?), no me sorprendí
al leer: “Sigan escribiendo silencios, abismos, firmamentos, azules, océanos...
No se trata solamente de esos relojes que atrasan hasta en la marca. No;
tampoco se trata sólo de sacarse el sombrero, sino mejor aún: de hundirlo hasta
los hombros, que aparezca la cabeza por arriba, como amaneciendo desde la
mediocridad... Pero apenas, no fuera cosa de perderse silencios, abismos,
firmamentos, azules, océanos... y que los baraje otro hasta transformarlos en
canción de Sandro y Anderle. Porque cantar es una cosa, pero revolear unas
líneas desde el palco... Ah; qué mishiadura, hermanitos. Qué no daría por estar
otra vez en la cola de la leche, a las nueve de la matina, y ver al Quique
escapando de la Gorda. No era cámara lenta, no; era figurita repetida y acá
está, ¿lo ves?... Sí; si está clarito: es el comienzo de mi amor por las
rutinas, por estar a la pesca de las mínimas diferencias entre una vuelta y
otra. Si parece ayer cuando el Duardi me preguntó: ‘¿A vos qué te parece mejor:
ser el peor entre los mejores, o ser el mejor entre los peores?’ Y pilas de
veces con los años aparecen esas caras que te refriegan que no es importante,
que eso no es lo importante... Je... Si no lo fuera, se callarían bien la boca,
porque justamente... Sandro; cantáte otra; hacé que tu sangre gitana nos ponga
la piel de gallina, dale, no te hagás rogar. Sí; claro que comerse unos
choripan sentados en la puerta del Negro es uno de los placeres que este barrio
todavía puede blandir con orgullo. Esa grasita que estalla contra los
colmillos... Pero ojo al piojo que la memoria no es garantía de nada, hay que
hacer que la sangre valga cinco guita más que el promedio o vamos derechito
para la sartén; porque, atenti, que recuerdos tenemos todos y si no les damos
ese toque fatal de pimienta, lo mejor va a ser que se mueran con nosotros... Y
terminá la leche de una buena vez que, si no, vamos a terminar jugando de
noche: acordáte que la talope del Beto es más oscura que tus ojos.”
Mortaja
Por
dentro;
atrás
el rostro.
¡El
pasado aniquila!
¡Es
en vano que encuentre una herradura
en
el estanque turbio de mi imaginación!
El
árbol ha cubierto de palomas
mi
soledad; pero es en vano.
Desnudo
siempre
estoy como una llanura.
Para buscar un cerro
miro
las multitudes.
Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro
vestido
de
novio;
una
mortaja viva
entre
el ayer eterno
y
el eterno mañana;
una
mortaja viva
que
llora en mi garganta.
Jacobo
Fijman
Molino
Rojo
Publicado
el 1º de septiembre de 1926, por Editorial
“El
Inca”, 94 páginas, edición de 500 ejemplares;
con
ilustraciones de Pompeyo Audivert y J. Planas Casas.
. .
.
Esperemos
que la guerra termine pronto; nos veremos entonces,
Santi.
---

0 mensajes y comentarios:
Publicar un comentario