miércoles 25 de enero de 2012

El mejor entre los peores





Baires; 28 de diciembre de 1999
Estimados compañeros del Café Bonzai:

¿No me van a decir que este poema (ver al pie) ya no viene valiendo por todos los momentos duros que la poesía nos depara muchas veces? ¿Eh? Todo dicho y nunca dicho. ¡Y de qué manera! Cada dos líneas hay algo digno de ser citado mil veces a la cabecera de textos que ¿podrán estar a la altura? Escribir cobra la vida. Por eso, hoy, mirando entre las notas de Guillermo Robles (¿o serían las de Fernando Roldán?), no me sorprendí al leer: “Sigan escribiendo silencios, abismos, firmamentos, azules, océanos... No se trata solamente de esos relojes que atrasan hasta en la marca. No; tampoco se trata sólo de sacarse el sombrero, sino mejor aún: de hundirlo hasta los hombros, que aparezca la cabeza por arriba, como amaneciendo desde la mediocridad... Pero apenas, no fuera cosa de perderse silencios, abismos, firmamentos, azules, océanos... y que los baraje otro hasta transformarlos en canción de Sandro y Anderle. Porque cantar es una cosa, pero revolear unas líneas desde el palco... Ah; qué mishiadura, hermanitos. Qué no daría por estar otra vez en la cola de la leche, a las nueve de la matina, y ver al Quique escapando de la Gorda. No era cámara lenta, no; era figurita repetida y acá está, ¿lo ves?... Sí; si está clarito: es el comienzo de mi amor por las rutinas, por estar a la pesca de las mínimas diferencias entre una vuelta y otra. Si parece ayer cuando el Duardi me preguntó: ‘¿A vos qué te parece mejor: ser el peor entre los mejores, o ser el mejor entre los peores?’ Y pilas de veces con los años aparecen esas caras que te refriegan que no es importante, que eso no es lo importante... Je... Si no lo fuera, se callarían bien la boca, porque justamente... Sandro; cantáte otra; hacé que tu sangre gitana nos ponga la piel de gallina, dale, no te hagás rogar. Sí; claro que comerse unos choripan sentados en la puerta del Negro es uno de los placeres que este barrio todavía puede blandir con orgullo. Esa grasita que estalla contra los colmillos... Pero ojo al piojo que la memoria no es garantía de nada, hay que hacer que la sangre valga cinco guita más que el promedio o vamos derechito para la sartén; porque, atenti, que recuerdos tenemos todos y si no les damos ese toque fatal de pimienta, lo mejor va a ser que se mueran con nosotros... Y terminá la leche de una buena vez que, si no, vamos a terminar jugando de noche: acordáte que la talope del Beto es más oscura que tus ojos.”


Mortaja

Por dentro;
atrás el rostro.
¡El pasado aniquila!

        ¡Es en vano que encuentre una herradura
en el estanque turbio de mi imaginación!

        El árbol ha cubierto de palomas
mi soledad; pero es en vano.

        Desnudo
siempre estoy como una llanura.

        Para buscar un cerro
miro las multitudes.

        Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro vestido
de novio;
una mortaja viva
entre el ayer eterno
y el eterno mañana;
una mortaja viva
que llora en mi garganta.


Jacobo Fijman
Molino Rojo
Publicado el 1º de septiembre de 1926, por Editorial
“El Inca”, 94 páginas, edición de 500 ejemplares;
con ilustraciones de Pompeyo Audivert y J. Planas Casas.

. . .

Esperemos que la guerra termine pronto; nos veremos entonces,

           Santi.






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