viernes, 26 de abril de 2013

On the road sideline [1]


Baires; lunes 22 de abril de 2013

Ayer vi la nueva película producida por Coppola, “On the Road”, basada en el libro de Kerouac y dirigida por Walter Salles. La vi por la tarde, cómodamente instalado en mi sillón preferido y en la pantalla gigante de alta definición; no es lo mismo que en el cine, pero ya sabés que me salva de soportar a quienes pudieran estar en los asientos vecinos. Hacia la nochecita me fui a encontrar con la Juani y nos quedamos charlando en ese café nuevo, o nuevo al menos para mí, que está en Goyena y Cachimayo. Me dijo que tenía ganas de verla pero que unos cuantos de sus conocidos, algunos de ellos escritores, le habían dicho que no valía la pena, que era mala, que se habían aburrido de lo lindo. Cuando me dijo esto, la miré y dejé pasar un rato; la Juani se dio cuenta de que había en esa mirada más de lo que mi encanto natural mostraba de buenas a primeras, así que ella también dejó pasar un rato, segura de que yo mismo me encauzaría de nuevo —cosa, esta última, en la que estuvo, como es lo usual, acertada por completo.
Así fue que le dije que no hiciera caso, que fuera a ver la peli y después me contara, que por mi lado iba a escribir al respecto, para ver si me ordenaba un poco porque aquellos comentarios me habían parecido que pisaban mal. Esto último no lo pude cumplir, por más que traté cuando volví a casa... eso es, claro, a menos que lo que te relato ahora cuente de alguna manera.
Lo que sí hice, desde ayer y hoy también, ha sido pensar. Y este asunto no me suena a cosa nueva, es como si ya lo hubiese presenciado antes. Claro que pensar así no ayuda gran cosa a echar luz sobre la cuestión.
Quiero decir. Se estrena una película, basada en un libro literariamente prestigioso, y se alzan voces para denigrar la película, para decir que no está a la altura del libro, para condenar su existencia... esto sí que es novedoso, nunca antes nadie condenó ninguna película basada en un libro prestigioso. Es una actitud tan original que casi me estremece.
Ahora bien, dejando lo anterior de lado, lo que se me ocurre hacer es separar a quienes levantan voces para señalar esto o aquello en dos grupos: los que leyeron On the Road, de Kerouac, por un lado; y por el otro los que leyeron En el camino, libelo escrito por Martín Lendínez, un español según quien Sal Paradise dice cosas como: “¡Hostias! Esto es la tierra prometida.”[2] Y Dean Moriarty algo como: “¡Oh, tío, qué gusto!”[3]
En cuanto a los de este último grupo: es lógico que les parezca que la película poco y nada tiene que ver con el libro que leyeron, sobre todo si son cincuentones pasados de la decena y leyeron aquel libro en los ochenta, dado que la memoria suele jugar malas pasadas. A éstos les recomendaría una lectura que les refresque el texto. Si me dejaran ir un poco más lejos, lo que en verdad les recomendaría es dejar de soñar que están leyendo el texto de Kerouac y que se pongan a estudiar inglés.
Lo anterior me hace recordar el viejo asunto que se arrastra entre las fidelidades y lo verídico. Para algunos lo verídico es lo que pasó en los viajes de Kerouac y no lo que está en el libro. Suerte con eso.
Como pasó recientemente: se publicó en el 2006 una edición “sin censura” de On the Road cuyo texto remite al famoso rollo de papel donde Kerouac escribió su original. Es decir: el texto de este nuevo libro es copia fiel del texto del rollo. Una versión en español de este último texto se publicó en el 2009, pero no sé el nombre de quien hizo la traducción. El libro On the Road, el que hizo famoso a Kerouac y que conmovió a tantos lectores fue el otro; éste, el nuevo, el que “no tiene censura”, es otro libro que no se sabe qué peso tendría sin el publicado en 1957, el cual sí tuvo (peso) y lo sigue teniendo desde su aparición.


Volviendo a la película: es difícil que pueda entender a quienes dicen que los aburrió, se me da a pensar que si volvieran a leer el libro de Lendínez también les parecería aburrido. Te aclaro que yo también leí el libelo, en una edición de Bruguera de tapas duras y de un color amarillo furioso —es más: lo tengo acá al costado mientras te escribo esto—; y eso fue en 1986, y de nuevo en 1990, y lo sufrí igual que algunos meses después me pasó con Lord Jim —libro éste que arrojé contra la pared cuando estaba por llegar a la mitad (también era una edición de Bruguera).
Por mi parte, he tenido la suerte de volver a leer On the Road hace muy poco, lo comencé el 11 de enero de 2013 y lo terminé el 29 del mismo mes. Hay que tener en cuenta que fui leyendo otros libros al mismo tiempo —ya sabés que nunca leo un solo libro por vez—; o sea que, de esos 19 días, podemos tomar como promedio una hora por día, a veces puede que un poco más, y también que hubo días cuando seguramente no lo leí; dado lo cual podría dar que para la lectura del libro habré dedicado unas diez horas de tiempo neto —sí; ya te lo comenté otras veces: leo despacio (que no te importe lo que te digan otros, malintencionados como seguramente son).
La película dura poco más de dos horas y cuarto; lo cual inmediatamente nos da a pensar que no está ahí todo el libro, no todo lo que se cuenta en el libro, no puede estar: no cabe. El guionista y el director habrán tenido en algún momento que reunirse a decidir qué es lo que iba y qué no. Porque, suponiendo que la mitad del libro se ocupe de las descripciones de esto y aquello, quedan todavía cinco horas de lectura que deben ser comprimidas dentro de esas dos horas y cuarto y un poco más. Ya con esto solo podemos estar seguros de que quien diga que en la película faltan cosas va a estar en lo cierto: vaya entonces un gran premio para este iluminado.
Supongo que, al igual que pasa con las traducciones, quien va a realizar una película a partir de un libro tiene que decidir qué es lo que va a traducir: si las anécdotas, si el clima general, si un peso extra que no se sabe de dónde viene ni para dónde va pero que anda por ahí dando vueltas como un desarreglo del universo, porque todo no va a poder, para cumplir con ese todo ya tenemos el libro.
Tengo que reconocer, no obstante lo que ya he dicho, que en la película hay rincones flojos. Por un lado, una cierta tendencia a que sea digerible, fácilmente, por el público joven... vaya uno a saber hoy en día lo que pudieran esas dos últimas palabras querer decir; pero me arriesgo: podría ser el público que ha seguido las sagas de esos vampiros jóvenes, y de acá bien pudiera provenir la elección de la protagonista que hace de Marylou[4]. No nos olvidemos de que fue el público más joven también el que se lanzó sobre la novela en 1957 de una manera voraz. Tampoco nos olvidemos de que USA no es el mundo entero.


Están los que miran y están los que ven; y cuando se trata de una película pasa lo mismo. No se puede condenar una obra de arte porque no se hizo como nos hubiera gustado; muchas veces un objeto se convierte en obra de arte precisamente por lo opuesto. No voy a asegurar que “On the Road”, la película, sea una obra de arte —me falta un plato de sopa y algunas lonjas de cuero—, dejémoslo en que se trata entonces de una obra del séptimo arte.
Lo que sí puedo asegurar: es una película dirigida a personas que sí leyeron el libro, no creo que vaya a significar gran cosa para quienes no. Acá, por fuera de la división que ya hice más arriba, podría hacer otra: los que tienen menos de 20 años, los que tienen más de 30 y los que están entre los 20 y los 30. Sobre los primeros y los segundos creo que lo dicho en el texto presente les cabe; sobre los que están entre los 20 y los 30, no creo que estén en un período de sus vidas cuando en sus cerebros exista el grisado necesario para una crítica decente —salvo unas contadas excepciones; muy contadas—; algunos científicos han propuesto incluso que es de sus cabezas de donde proviene la mayor parte de los residuos cósmicos.
Prueba de que la película fue hecha pensando en quienes leyeron el libro es la parte cuando se observa a Sal Paradise preparando el rollo de papel donde después escribirá el primer borrador de la novela. Esto no está en el libro; lo del rollo es parte de la anécdota que rodea la figura de Kerouac —cabe pensar que su inclusión obedece a una dosis de cholulismo adolescente por parte del director o del productor. Y puede que esta escena, la del rollo, sea una de las partes flojas: el rollo que se ve es muy corto, imposible que el texto del libro pueda caber en ese rollito que se ve en la escena correspondiente —mi edición, que es la de Penguin de 1991, tiene 310 páginas, en un formato un poco más grande que un pocket.
Por último, tengo que reconocer que tuve algunos problemas con el personaje de Sal Paradise. Esto fue porque no hace mucho vi la película “Brighton Rock”[5], basada en un libro, también prestigioso aunque puede que no tanto como el de Kerouac, escrito por Graham Greene; y el actor, Sam Riley, interpreta a Pinkie, que es el personaje principal; sí: confieso que por momentos se me cruzaban los roles.


Antes de terminar, me gustaría hacerte una referencia al grupo de los que leyeron el libelo de Lendínez. Sé que dirán que, como ellos no saben inglés, ésa es la única edición que estaba a su alcance; que es sucio de mi parte señalarles que aprendan inglés antes de hacer cualquier comentario sobre el libro y, mucho menos, sobre esta película; que es de mala leche dejar fuera a mucha gente de la posibilidad de leer autores que escriben originalmente en inglés diciendo que las traducciones no son el verdadero libro. También que son lo suficientemente inteligentes como para poder realizar la traslación desde Lendínez a Kerouac, usar la imaginación para darse cuenta de cómo debía de sonar, si no en inglés, sí en lo que hace al ambiente y a las acciones que el libro nos da.
Voy a dejar de lado eso de que puedo darles el crédito de la inteligencia y la imaginación; sé que mi forma de pensar puede parecerles prejuiciosa —aun cuando la ley de la probabilidades está por completo a mi favor; con lo cual no sería prejuicio sino una deducción educada.
Lo que les sugiero, entonces, vendría a ser lo siguiente: si tienen la inteligencia y la imaginación para realizar la traslación de Lendínez a Kerouac, ¿por qué no darle el mismo beneficio a la película y aprovechar lo que tiene para darnos?
Ahora bien, con el aburrimiento hay que tener cuidado porque las más de las veces resulta en una bala que busca la culata.
Conste que nada he dicho de quienes dedican momentos preciosos en leer los subtítulos, y se pierden así de lo que ocurre en las imágenes.


La opinión de muchos florece porque tienen la palabra como cosa gratis; deseo que las palabras que te doy en esta carta valgan un poco más —calculo que lo sabés, pero me da bienestar dejarlo por escrito.


Así que, acá tenés, esto fue lo que anduve haciendo y pensando este fin-de-semana que pasó y no volverá, o al menos parte de él. Puede que tenga que hacer copia de estas líneas y dárselas a la Juani; sería una manera de cumplir con lo que le dije.
Espero que tanto ella como vos vayan a ver la peli y saquen sus conclusiones; aun cuando pudieran ser contrarias a las mías. No tengo ningún inconveniente en seguir siendo amigo de ustedes: no me va a importar que estén equivocadas.
Nos veremos a la vuelta de la próxima película.




[1] En el flanco del camino.
[2] En el libro de Kerouac: “Damn! Hooee! It is the promised land.”
[3] En Kerouac: “Oh man, what kicks!”
[4] Kristen Stewart; famosa entre los adolescentes por haber interpretado a Bella Swan en “The Twilight Saga”.
[5] Película de Rowan Joffe; 2010.

Notas finales:
1. Para esta carta, utilicé en parte como bibliografía de soporte el texto “Spanish Translations of On the Road”, de Alberto Escobar de la Garma; el mismo está publicado en inglés en la Internet en el sitio “European Beat Studies Network”. Hay en el texto de Escobar de la Garma otros ejemplos jugosos de tropiezos en la traducción de On the Road.

2. Editorial Losada de Buenos Aires publicó esta novela en 1959, con el título de “En el Camino”. El traductor fue Miguel de Hernani. Losada sacó otras ediciones, al menos hasta 1977. No conozco esta versión, pero le cabe, como a la película, que es otra versión desprendida del original.











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