martes, 12 de agosto de 2014

Mis desencuentros con Eliot

Baires; sábado 21 de agosto de 2010

Si dijera que todo comenzó en noviembre de 1997, quien se guiara por la cronología de los calendarios pensaría que no es cierto; y, claro, a quien lo dijera, desde ese lugar tan bien fundado para que los pies no resbalen, no habría cómo bajarlo del caballo. Pero esto que te quiero contar tiene avances y retrocesos que alguna vez creí singulares y que ahora me doy cuenta de que no son diferentes de los avatares de salir a comprar medialunas y no conformarse con lo primero que nos pusiera sobre el mostrador el amigo panadero. Ya vas a ver por qué te lo digo —espero.
Como te decía, allá por noviembre del ’97 un escritor residente en la provincia de Baires —se llamaba a sí mismo poeta— me envió unos poemas. No recuerdo si fue de la manera tradicional —mediante una carta— o si por correo electrónico. No lo recuerdo porque yo sí tenía ya una cuenta de corre-e —mi conexión con la Internet había sido inaugurada a comienzos de aquel año—, pero no sé si también este escritor del que te hablo —muy pocos de quienes conocía tenían acceso a la red de redes —que así también se insistía en llamarla por esos días.
Este escritor (vamos a llamarlo Silvio) me había enviado aquel puñado de poemas y uno de ellos tenía por título “Los hombre huecos”... No recuerdo el poema ahora y me llevaría mucho trabajo encontrarlo, pero no me parece que fuera una reacción a la lectura del de Eliot; a decir verdad, la sensación que me dio su lectura fue la de un texto inocente y no muy logrado. Sí recuerdo que le escribí algo como esto: “Me tomo el atrevimiento de sugerirle algunas lecturas que seguramente apreciará: Del inconveniente de haber nacido (E.M.Cioran), La Dispersión (Eugenio Trías), The Hollow Men (T.S.Eliot).”
Esa misma noche busqué mi libro de poemas de Eliot y me decidí a una nueva lectura. El libro estaba, claro, en la pequeña biblioteca que tenía por entonces sobre la mesa de luz; y había estado ahí desde mi anterior lectura, realizada más de un año antes: lo recuerdo porque solía leerlo mientras Tatu estaba en su clase de natación y alternaba la página con mirarlo a través del vidrio, casi siempre medio empañado, que separaba la pileta de la cafetería...
Me temo que acá necesito hacer un alto y no sé si va a ser el único en esta historia: es importante que te diga que, por aquellos días, los días cuando Tatu iba a la pileta que estaba cruzando la avenida donde estaba la librería, en 1996, todavía no tenía yo el desapego que siento hoy por las personas, no por todas, aunque sí por una gruesa mayoría de las personas, pero me pasaba, sí, que comenzaba a darme cuenta de que iba hacia ese lugar, este lugar. Vos, deberías saberlo, sos una de las excepciones y seguramente habrás notado esta característica mía, la cual no viene solamente de soportar malas lecturas de poemas —fuera que los micrófonos estuviesen abiertos o cerrados.
Tenía, a decir verdad, dos ejemplares con los poemas de Eliot: The Waste Land and other poems Selected Poems (The Centenary Edition 1888-1988) —los tengo acá a un costado ahora mismo. El último es una edición aniversario del nacimiento del autor y, si no me equivoco gravemente, da la sensación de ser una edición facsimilar impresa en USA que imita la de 1930; por ninguna parte del libro asegura esto que digo —que sea facsimilar— pero la tipografía y la definición de los caracteres lo sugiere. El otro es la edición de Faber and Faber impresa en 1985 y que sigue la edición original de 1940; ésta no parece facsimilar aunque apuesto a que la tipografía se ha mantenido a través de los años. En ambos hay poemas que se reiteran y es interesante observar las diferencias; principalmente una: en la edición de 1988, los primeros versos de cada estrofa (salvo la primera del poema y la primera de cada parte) tienen sangría, esto no ocurre en la de 1985. The Hollow Men aparece solamente en la de 1988 —algún tiempo después, bastante en realidad, cuando me decidí a intentar la traducción que trae a cuento esta historia, calculo que hace un año o poco más, recordé el Albatross Book of Verse (la compilación de Untermeyer) y, efectivamente, hay allí otra copia del poema —junto con otros de Eliot (en este libro no aparecen las sangrías de la edición de 1988).
Vas pensar que estoy siendo demasiado minucioso, más de lo que mi tendencia a la exageración suele sacar de la bolsa para complacerme... pero si te cuento la historia bien, puede que lleguemos a un punto cuando este efecto, este resultado en tus sensaciones se atenúe —espero que así ocurra esto también.
Mi primera lectura de Eliot, la de 1996, fue trabajosa —así, al menos, la tengo en la memoria—; recuerdo que me decía: “Vamos; es Eliot... No puede no gustarte...” Pero no se trataba del gusto, de mi gusto; pasaba otra cosa. Mi lectura estaba trabada. Y yo con ella. Aun así, me las arreglé para dejar algunos subrayados —marcas éstas destinadas a mi propia posteridad, a ver si, pasado el tiempo, lograba deducir los sí y los no que Eliot me plantaba como barricadas —hay que admitir, como reflejo tal vez, que las palabras en alemán, italiano y latín no se ponían de mi parte.
He vuelto a mirar los libros y me doy cuenta ahora de que el libro que leí en el ’96 fue The Waste Land y, si bien tiene algunas marcas —unas pocas—, el que tiene las más sobresalientes es el de los Selected Poems... esas cosas de la memoria, esos juegos que me sigue regalando a ver si todavía estoy despierto —unas cuantas veces fracasa, claro (no que esto te fuera a resultar novedoso).
Volvamos por un rato a 1997... De Silvio no tuve más noticias; no sé si se ofendió o si se ocupó en la tarea de conseguir textos de los autores ya mencionados y ello lo dejó con menos tiempo del que creía tener para encarar su escritura de nuevo; sospecho que siguió escribiendo y también que pospuso el tema relacionado con los hombres y sus huecos al menos hasta ver qué pasaba en su mente.
En una de ésas te estás preguntando cómo recuerdo los años... De mis lecturas en 1996, resulta fácil deducirlo porque ahí estaban Tatu y la pileta frente a la librería. De lo ocurrido en 1997, porque tengo esta imagen en la cabeza: me veo en el estudio de Liniers durante el lapso de transición entre la salida del local de la librería, sobre la Av Goyena, en septiembre del ’97, hasta que mudara el estudio al Pasaje Matorras en junio de 1998, donde estuve hasta enero de 2002 —cuando hube de hacer una nueva mudanza motivado por la debacle del diciembre anterior. Eso me da un lapso de 8 ó 9 meses en Liniers, desde septiembre hasta junio, y puedo jurar que lo que refiero ocurrió antes de las vacaciones, así que, hasta que encuentre la carta en cuestión, me quedo con noviembre del ’97 (nota posterior: la encontré, está fechada: 24 de noviembre de 1997).
Así, pasaron los años hasta septiembre de 2008, un domingo, cuando me puse, sin mucho pensarlo ni proponérmelo, a traducir The Hollow Men... Hice aquel primer borrador en un cuaderno y lo dejé, tapado por libros y otros cuadernos, hasta hace unos días (supongo que cabe aclarar que desde que comencé esta carta han pasado algunos días: hoy es 29 de agosto de 2010). Lo distinto, esta vez, ha sido una suerte de ritmo cambiado, o puede que fuera más preciso llamarlo tempo; es como si cada palabra en cada línea me sonriera: no que debas confundir esto con que ahora Eliot y yo hemos hecho las paces, no; es otra cosa: como si la “relación” entre ese autor y yo se hubiera aceptado sin más acercamiento que el de leer y escuchar y decidir si lo que estoy diciendo —en este idioma que no sólo es el castellano sino también un mirada particular de las cosas que me rodean y me han rodeado desde chico— es lo que me importa del poema y no lo que se me cae por desborde o decaimiento.
¿Y qué te podría contar del poema... de mis desencuentros con Eliot?
Como todo el mundo, claro, me dije “Los hombres huecos”; pero al rato escuché la vocecita que suele insistirme con eso de dar unos pasos atrás. Y me acordé del Viejo... Y acá los ojos se me fueron directamente al segundo acápite: “A penny for the Old Guy”... Y me impactó que “the Old Guy” bien podría traducirse como “el Viejo”, mucho mejor que “el Tipo Viejo”; y fue ahí cuando decidí que mi manera de decir “The Hollow Men” en el castellano de este barrio sería “Los huecos”. Igual me quedé pensando si no estaría estirando las cosas más allá de lo prudente, como cuando la banda elástica pasa el límite de resistencia y paf; pero aquello de “los hombres huecos” ya no me venía bien, fue como si yo también hubiese pasado mi límite de resistencia; y así quedó sellado el título —no que cada tanto no vuelva para ver si las cosas andan buenamente o si alguna rebeldía nueva ha decidido subirse al tren.
El primer acápite fue cosa fácil para un viejo lector de Conrad... Cualquiera pensaría que llegué a Conrad por la vía de Borges y no estaría muy errado; pero, en la intención de buscar precisiones, debo asegurar que llegué ahí por dos caminos que se encontraron —Borges se les unió algún tiempo después, de la mano de Stevenson—: Ridley Scott, con su Alien, y Coppola, con su Appocalypse Now; no voy a entrar en detalles justo ahora, puede que te lo cuente en otra oportunidad, baste decir por el momento que esa nave espacial llamada Nostromo (Nuestro Hombre) bien pudo ser la cuerda que me llevó a ver Los duelistas, unos meses después, y finalmente a leer el libro (El duelo), cuando todavía aceptaba traducciones... Stop... El punto es que entre “Mistah Kurtz—he dead” y yo, no llegó a haber ni un paso, ni medio paso, ni siquiera un parpadeo: ahí estaban Conrad y Marlow, y Brando mientras recitaba el inglés de esos huecos en un rulo de la cronología de los años que todavía conviene envidiar.
Y es acá donde cualquiera de la familia (de mi familia) se preguntaría qué está haciendo ahí Kurtz por boca de Marlow por boca de Conrad, qué tiene que ver con lo que se viene después, esos versos endemoniados... Sí; ya sé que se los ve de lo más inocentones... Pero si lo fueran, no sé que anduve haciendo estos años, especialmente los últimos dos, con mi cuaderno de traducciones a medio terminar (o comenzar —que para el caso...) que asomaba sobre la mesa desde debajo de papeles y libros y hasta la bufanda en el invierno y alguna remera en el verano.
Porque está claro que no fue Eliot quien vio Appocalypse Now y tuvo la idea de citar a Conrad sino Coppola quien leyó a Eliot y lo puso en boca de Brando, lo mismo que leyó a Conrad y trasladó el Congo a Vietnam. Y lo digo para que no te vayas a creer que no sé cómo funcionan las leyes de la física; al menos las de esta vereda; y sé muy bien que mientras te escribo esto caminamos ambos por este lado de la calle. Las veces cuando nos encontremos enfrente... bueno... ya lo veremos entonces (o lo recordaremos, como ahora, fragmentadamente).
Entonces, de nuevo, me pregunté (viejo portavoz de la familia) qué estaba haciendo ahí esa cita, quién se había muerto con Kurtz, o la muerte de quién aparecía gracias a Conrad aun cuando no necesariamente muerto hacía unos minutos. Así que pensé que, si continuaba en mi descenso por los versos, encontraría, si no el oro, pudiera ser que al moro.
Y llegué al segundo acápite, uno que sugiere una dedicatoria, eso que mencioné por ahí arriba sobre ese Viejo —porque pudiera ser que también Eliot tuviera el suyo (aun cuando se perdiera de sí y de lo políticamente correcto en las tierras de la península adriática)—, o ese Tipo Viejo... Pero acá me ayudó esta bruja que justo por este mes se le dio por hacerme una visita (le dediqué algunas líneas —te lo cuento de paso—, ya te las mostraré en unos meses... o años; depende de cuánto decida quedarse); y mi amiga de los setenta me avisó que Guy es también un nombre propio. Así llegué a Guy Fawkes, aquel conspirador que se hiciera famoso en las Islas, aquél luego del cual el undécimo mes del año se volviera popular al comienzo de unos versos: “Remember, remember the fifth of November...”
Se trata del “Complot de la Pólvora” (The Gunpowder Plot) y mayores datos al respecto no deberían de serte difíciles de encontrar; baste decir que unos ingleses, tratando de regresar el catolicismo a su país en 1605, se pusieron de acuerdo para volar por los aires al rey (James I) y a todo el Parlamento, para lo cual colocaron tres barriles de pólvora debajo del edificio donde iban a reunirse: la Casa de los Lores. El complot fue descubierto y los conspiradores ajusticiados. Pero lo importante de esta historia, por lo que nos toca, es la rima que originó y que sigue siendo popular allá en las Islas. Estos versos tuvieron múltiples versiones dependiendo de la época y el lugar donde se las cantaba, por lo general para diversión de los más chicos. Hay una particular, cantada por los niños de Lancashire, a la que se conoce como “A Penny For The Guy”, los niños la cantaban mientras pedían limosna.[i]
De esta última referencia al segundo acápite hay una sola palabra de diferencia: “Old”; te propongo entonces que la tengamos en mente para ver si alguna línea del poema nos la recuerda más tarde. Bien; a los versos, vamos.
En la primera línea continué con el criterio utilizado para el título, y eso me hizo llevarlo también a la segunda. Pero en ésta me detuve en “stuffed”. Este verbo, utilizado acá como adjetivo, quiere decir “relleno”; pero “stuffed” me sonaba a más, como si hablara de una pavo relleno —que es ahí donde esa palabra se utiliza con frecuencia—; veía un pavo relleno a presión, hasta no dar más, hasta que una cucharada más fuera a hacerlo reventar... No sabía si Eliot nos estaba despreciando —como humanidad—; a lo mejor, si investigaba en su vida, podría obtener más datos; pero mi intención al traducir este poema no era la de dar un paseo por la erudición, y tengo que confesar que tampoco buscaba satisfacer a un lector que no fuera yo; por esto, quizás, mi lentitud. Y pensé en cómo nos sentiríamos si, en las fiestas de fin del año, ya no pudiéramos meternos otro bocado en la boca... Y ahí fue cuando se me apreció la palabra que finalmente quedó en el segundo verso: “hartos”. Sí; los huecos, los hartos; esos extremos me parecieron justos.
El siguiente obstáculo se me presentó con “headpiece”...
Hay quien lo ha traducido como “cabeza”, o también en plural: “cabezas” —puede que por el we (nosotros) que inicia poema. Pero si Eliot hubiese querido decir “cabeza”, habría escrito “head”, y no “headpiece”. Lo mismo vale para quienes lo traducen “mollera”, en este caso Eliot habría escrito “crown” (como en el poema de “Jack and Jill”) o “head-crown”.
Acá me entretuve un buen rato. Nada me cerraba. Hasta que decidí continuar y dejarlo para después. Y fue, cuando ya el poema estaba casi todo en castellano, que recordé que los estadounidenses le dicen “headpiece” a los tocados y arreglos de tela que muchas personas de otras culturas llevan en la cabeza, especialmente orientales; y, dado que Eliot había nacido en USA y a pesar de su nacionalización británica pudiera haber un dejo de su niñez por alguna parte (un tiro al arco desde bien lejos el mío), entonces podría escribir “cubrecabeza”. No me olvido de que “headpiece” pudiera también traducirse como “busto”, la escultura que abarca solamente la cabeza de una persona, pero esto último me pareció más tirado de los pelos que “cubrecabeza”. Lo cierto era que todavía no daba con lo que necesitaba.
El cubrecabeza, que en un principio se me arrimó prometedor, ya no funcionaba cuando se trataba de llenarlo de paja; acá un busto parecía más apropiado. No se me escapaba, a esa altura, que “headpiece” contenía un menosprecio a la cabeza en cuestión... ¿Qué tal, entonces, si me hiciera con una palabra que incluyera este menosprecio? Y me puse a escribir una lista: bocha, bocho, bochín, coco, sesera, calabaza, sabiola, balero, aceitosa, altiyo, carburadora, coronilla, croqueta, cucusa, fosforera, marote, mate, melón, sandía, zapayo... (no vayas a pensar que se me ocurrieron en este orden). Como verás, en algún punto tuve que detenerme y elegir. Seguramente que no coincidirás conmigo, por lo que te propongo que taches la palabra elegida por mí y escribas encima la tuya. Santo remedio, ¿sí?
Una cosa más: ese menosprecio a la palabra cabeza pudiera ser, desde ya, un avance de doble filo; ya que no podrás dudar que se destaca entre los vericuetos de conocimiento (o informaciones varias) que despliega el poema; al tiempo que armoniza con alguna posible burla que llegará más adelante.
Lo que venía después, para cerrar la estrofa, no era complicado —o no lo parecía—; me llamó la atención esa insistencia sobre la sequedad: de la voces, del pasto, de la bodega. Por un lado, la versión en castellano se acercaba peligrosamente a la redundancia, pero no tuve más remedio (y cada vez que aparezca este latiguillo quiero que entiendas que me refiero a mi capacidad) que aceptarlo —acá, los monosílabos en inglés le sacan ventaja a las palabras de dos sílabas o más en castellano.
Una nota que puede que hubiera sido mejor poner de entrada: la tradición inglesa de iniciar cada verso con mayúsculas —cuyo origen desconozco y trataré de averiguar si es que puedo— no se repite en castellano (tradición que algunos autores de habla inglesa ya han comenzado a abandonar desde el siglo pasado); la podría haber utilizado, pero preferí no desviar la atención hacia un detalle que, me parece, tiene poca importancia. Me guié, entonces, por la puntuación para saber dónde se inicia una oración y poner, ahí sí, la mayúscula.
Me pregunté durante un rato por qué dice “ death’s other Kingdom”, específicamente por ese “other”, como si la muerte tuviera un reino y acá se estuviera refiriendo no a ése sino a otro. Pero creo que, en inglés, está queriendo enfatizar el hecho de que ése reino es uno distinto de éste. Dejé Reino (con mayúscula) nada más que porque así está en inglés —supongo que como contraste con el “Reino de Dios” de los ingleses.
Por lo dicho fue que preferí “Reino otro” antes que “otro Reino”. Sé que suena raro —pero ya sabés cómo me encantan estas cosas.
Otra nota: me encontré confundido ya desde el comienzo por la manera cómo aparece la puntuación —por cómo aparece y desaparece. Esto se nota en la primera estrofa de la parte II: no hay coma luego de “dreams” a pesar de que el segundo verso tiene toda la forma de una aclaración, ni tampoco al final del segundo. De lo dicho, la decisión de suponer un punto antes del segundo “Allí” y la correspondiente mayúscula —otra decisión que se guía por el tono de una apuesta.
Subrayo la minúscula de este segundo “reino”, el del sueño de la muerte; cosa que no era así en el “Reino otro de la muerte”. Por lo que, concediendo que no es un error del poema sino un gesto adrede —se me escapa, eso sí, adonde apunta esa diferencia; puedo suponer, sí, un algo de menosprecio hacia lo que ocurre en sueños; lo cual se contrata con aquel deseo de no querer encontrarse ahí con los ojos a los que se dirige —de acá el uso de la primera persona del plural en “Déjenme”; ya que infiero que se dirige a ellos.
Por supuesto, el disfraz es el de un espantapájaros —y me sorprendió esa palabra, “rata”, que cayó tan bien aplicada acá.
Y una confesión: con la aparición de la palabra “twilight” enseguida recordé los episodios de “La dimensión desconocida” vistos cuando niño —unos cuantos de los cuales tengo en la videoteca y miro en noches de tormenta.
La parte III no comenzó con problemas; continuó, eso sí, el ir y venir de la puntuación, su ausencia a pesar de que el paso de las palabras indicaba que debía estar ahí. Y luego, claro, la aparición de “death’s other kingdom” con “kingdom” esta vez con minúscula —si te ponés a pensar que esto es a propósito, lo siguiente es un callejón sin salida; porque acá no es el terreno del sueño, “death’s dream kingdom”, es como en el principio; a menos que se trate de un otro reino de la muerte distinto del primero (cosa que, la verdad, me parece ya no rara sino más bien pobre; y, hasta donde pueda, le voy a dar a este poema todos los beneficios a mi alcance: de duda y de miseria).
Ahora bien, es de remarcar cómo, a medida que avanzo con el poema, el camino se vuelve menos dificultoso, fuera porque las complicaciones ceden, fuera porque me voy acostumbrando y lo que al principio parecía toda una cuestión se me va volviendo parte del aire; como cuando te encontrás con una persona que tartamudea: en el inicio la conversación se parece a una cuerda que no da más por la tensión pero, después de un rato, ya ni se nota: como si un idioma nuevo que andaba flotando por ahí se abriera y no dejara secretos.
En adelante, todo sigue sin mayores enredos a resolver hasta V. Te quiero de todos modos poner en evidencia que quiebran la ausencia de puntuación una coma y el punto al final de IV.
El comienzo de V es una burla (la percibo como tal) a la vieja canción de las rondas infantiles: Here we go round the mulberry bush... Se cambia el tradicional árbol de moras por un cactus (planta ya mencionada en III) —cosa que, supongo, va iniciando la tensión que precede al final. Creo que, leídos en voz alta, estos versos podrían cantarse —me he fijado entre las grabaciones que tengo de Eliot, pero este poema no está; así que esta suposición acerca de leer esos versos entonados no puedo hacerla extensiva a su autor; por el contrario, Eliot parecía tener un modo cerrado de leer —como si no pudiera dejar de vestir, no digamos traje, pero sí por lo menos corbata.

Nota: Creí que el tono estaría más acorde si ponía “pera pinchuda” en lugar de “nopal” que es un término menos difundido —también pensé en “cactus”, pero me pareció excesivamente genérico. También preferí “rondando”, en lugar de “en ronda alrededor”, a pesar de que no era el término preciso, porque me permitía ajustar los versos a la melodía de la canción infantil.

De acá en adelante viene, para mí, la parte que me atrae más del poema, su carozo —alguno (no vos) podría pensar que, si fuera un durazno, la mejor parte no estaría en el carozo sino en lo que lo rodea... bueno... no estaríamos, en tal caso, hablando de la supervivencia como procreación, ni de la procreación como multiplicación —no que deba ser ése necesariamente el caso.
Y creo que la burla puesta en los versos de la rima infantil se traslada a las afirmaciones que, en cursiva (también), se apoyan hacia la derecha —irrupciones de tono religioso —a su pesar; y del poema.
Me produce especial placer cuando dice: Life is very long —lo cual, desde ciertos balcones, hasta podría ser tomado por un chiste.
Luego, decidí dejar las partes interrumpidas de los versos precedentes de la misma forma; y, dado que gracias al Big Bang la palabra “bang” quedó ampliamente difundida en nuestro idioma, dejé bang —el poema no dice explosion u otro sinónimo.
Y así llega la última estrofa —probablemente la parte más conocida y citada del poema—: sin mayores problemas desde el punto de vista del pasaje del inglés a nuestro castellano...
No estoy muy seguro de estar más cerca de Eliot —es decir de un grupo de obras, especialmente compuestas en versos— luego de haber intentado traducir este poema; hasta me cae la sospecha de que ando más lejos que antes —aunque no peor. Lo cierto es que hay ciertas líneas —o entrelíneas— que seguirán atrayendo mi atención; y, si lo hacen también con la tuya, no vendría mal que me lo contaras: cada comienzo es el aviso de una muerte, aun cuando la vida sea muy larga.
Finalmente; si bien comencé esta traducción para mí, quiero que sea mi regalo para vos, una historia más entre un puñado.

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PS: Ésta es la versión —por ahora abandonada— de unos versos más viejos que yo.



Los huecos, de T. S. Eliot

Mistah Kurtz—he dead.

      Una moneda para el viejo Guy

      I

Somos los huecos
somos los hartos
apoyándonos unos a otros
con la bocha llena de paja. ¡Atención!
Nuestras voces disecadas, cuando
susurramos juntos
son suaves y carecen de sentido
como viento en pasto seco
o pezuñas de ratas sobre pedazos de vidrio
en nuestra bodega seca

silueta sin forma, sombra sin color,
fuerza paralizada, ademán sin movimiento;

aquéllos que han cruzado,
sin desviar los ojos, al Reino otro de la muerte
recuérdennos —si acaso— no como almas perdidas
y violentas, sino sólo
como los huecos
los hartos.

      II

Ojos con los que no me atrevo a encontrarme en sueños
en el reino del sueño de la muerte
éstos no aparecen:
Allí, los ojos son
luz de sol sobre una columna rota
Allí, hay un árbol hamacándose
y las voces son
en el cantar del viento
más distantes y más solemnes
que una estrella que se desvanece.

Déjenme tranquilo no más cerca
en el reino del sueño de la muerte
Permítanme también vestir
tales disfraces deliberados
saco de rata, piel de cuervo, estacas en cruz
en un campo
comportándome como se comporta el viento
No más cerca...

no ese encuentro final
en el reino del crepúsculo

      III

Ésta es la tierra muerta
ésta es la tierra del cactus
aquí las imágenes de piedra
se levantan, aquí reciben
la súplica de la mano de un hombre muerto
bajo el parpadeo de una estrella que se desvanece.

Es así
en el otro reino de la muerte
despertarnos solos
a la hora cuando seríamos
temblando de ternura
labios que besarían
y formarían plegarias a piedras rotas.

      IV

Los ojos no están aquí
no hay ojos aquí
en este valle de estrellas moribundas
en este valle hueco
esta mandíbula rota de nuestros reinos perdidos

en este último de los lugares de encuentro
nos apiñamos
y evitamos hablar
reunidos en esta playa del río turgente

invidentes, a menos
que los ojos vuelvan a aparecer
como la estrella perpetua
rosa multifoliada
del reino crepuscular de la muerte
la esperanza sólo
de los vacíos.

      V

Aquí vamos rondando la pera pinchuda
pera pinchuda pera pinchuda
Aquí vamos rondando la pera pinchuda
a las cinco de la mañana.

Entre la idea
y la realidad
entre el movimiento
y el acto
cae la sombra
                                Porque tuyo es el Reino

Entre la concepción
y la creación
entre la emoción
y la respuesta
cae la sombra
                                La vida es muy larga

Entre el deseo
y el espasmo
entre la potencia
y la existencia
entre la esencia
y el descenso
cae la sombra
                                Porque tuyo es el Reino

Porque tuyo es
La vida es
Porque tuyo es el

Así es cómo el mundo se acaba
Así es cómo el mundo se acaba
Así es cómo el mundo se acaba
No con un bang sino con un quejido.


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Notas :

Mistah Kurtz—he dead: Joseph Conrad, Heart of Darkness, Part 3.
Como si oyéramos: “El señó’ Kurtz... ’tá muerto.”

A penny for the Old Guy: tenemos acá un doble sentido (o juego de palabras).

For thine is the kingdom: Matthew 6:13 : “For thine is the kingdom, and the power, and the glory, for ever. Amen.”

Life is very long: Joseph Conrad, An Outcast of the Islands, Chapter Four.


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The Hollow Men, by T. S. Eliot

Mistah Kurtz—he dead.

      A penny for the Old Guy

      I

We are the hollow men
We are the stuffed men
Leaning together
Headpiece filled with straw. Alas!
Our dried voices, when
We whisper together
Are quiet and meaningless
As wind in dry grass
Or rats’ feet over broken glass
In our dry cellar

Shape without form, shade without colour,
Paralysed force, gesture without motion;

Those who have crossed
With direct eyes, to death’s other Kingdom
Remember us—if at all—not as lost
Violent souls, but only
As the hollow men
The stuffed men.

      II

Eyes I dare not meet in dreams
In death’s dream kingdom
These do not appear:
There, the eyes are
Sunlight on a broken column
There, is a tree swinging
And voices are
In the wind’s singing
More distant and more solemn
Than a fading star.

Let me be no nearer
In death’s dream kingdom
Let me also wear
Such deliberate disguises
Rat’s coat, crowskin, crossed staves
In a field
Behaving as the wind behaves
No nearer—

Not that final meeting
In the twilight kingdom

      III

This is the dead land
This is cactus land
Here the stone images
Are raised, here they receive
The supplication of a dead man’s hand
Under the twinkle of a fading star.

Is it like this
In death’s other kingdom
Waking alone
At the hour when we are
Trembling with tenderness
Lips that would kiss
Form prayers to broken stone.

      IV

The eyes are not here
There are no eyes here
In this valley of dying stars
In this hollow valley
This broken jaw of our lost kingdoms

In this last of meeting places
We grope together
And avoid speech
Gathered on this beach of the tumid river

Sightless, unless
The eyes reappear
As the perpetual star
Multifoliate rose
Of death’s twilight kingdom
The hope only
Of empty men.

      V

Here we go round the prickly pear
Prickly pear prickly pear
Here we go round the prickly pear
At five o’clock in the morning.

Between the idea
And the reality
Between the motion
And the act
Falls the Shadow
                                For Thine is the Kingdom

Between the conception
And the creation
Between the emotion
And the response
Falls the Shadow
                                Life is very long

Between the desire
And the spasm
Between the potency
And the existence
Between the essence
And the descent
Falls the Shadow
                                For Thine is the Kingdom

For Thine is
Life is
For Thine is the

This is the way the world ends
This is the way the world ends
This is the way the world ends
Not with a bang but a whimper.


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[i] Remember, remember the fifth of November
    It's Gunpowder Plot, we never forgot
    Put your hand in your pocket and pull out your purse
    A ha'penny or a penny will do you no harm
    Who's that knocking at the window?
    Who's that knocking at the door?
    It's little Mary Ann with a candle in her hand
    And she's going down the cellar for some coal





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