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sábado, 6 de abril de 2013

Recortando a Rimbaud


desde la  traducción de
Raúl Gustavo Aguirre
de «Una temporada en el infierno»


Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.
Tomé las armas contra la justicia.
Huí. ¡Oh brujas, oh miseria, oh rencor, a vosotros fue confiado mi tesoro!

Logré que se desvaneciera de mi espíritu toda esperanza humana. Salté sobre toda alegría, para estrangularla, con el silencioso salto de la bestia feroz.
Llamé a los verdugos para morder, al morir, la culata de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme con arena, con sangre. La desgracia fue mi dios. Me revolqué en el fango. Me sequé con el aire del crimen. Y jugué una cuantas veces a la demencia.
Y la primavera me trajo la horrible risa del idiota.

Ah, demasiado harto estoy de eso: Pero, querido Satán, te conjuro: ¡una pupila menos irritada! Y, en espera de algunas pequeñas infamias que se demoran, para ti que prefieres en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, desprendo estas horrendas hojas de mi cuaderno de condenado.

Siento horror por todos los oficios. Amos y obreros, todos ellos rústicos, innobles. La mano que escribe es igual a la mano que ara. ¡Qué siglo de manos! Yo nunca tendré mano. Después, la domesticidad lleva demasiado lejos. La honestidad de la mendicidad me aflige. Los criminales repugnan como los castrados: en cuanto a mí, estoy intacto, y no me importa.

Estoy en la playa armoricana. Que las ciudades se iluminen al atardecer. Mi jornada está cumplida; me voy de Europa. El aire del mar abrasará mis pulmones; los climas perdidos me curtirán. Nadar, masticar la hierba, cazar, sobre todo fumar; beber licores fuertes como metal hirviente —como hacían aquellos queridos antepasados alrededor de sus fuegos.
Volveré con brazos y piernas de hierro, la piel oscura, la mirada furibunda: debido a mi máscara, me supondrán de buena raza. Tendré oro, seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a estos feroces enfermos que vuelven de los países cálidos. Intervendré en política. Me habré salvado.

Mientras, estoy maldito, siento horror por la patria. Lo mejor es dormir, completamente borracho, sobre la playa.

¡Cómo me vuelvo una vieja solterona por falta de coraje para amar la muerte!
¡Si Dios me concediera la serenidad celeste, aérea, la oración —como a los antiguos santos!¡Los santos, esos fuertes!, los anacoretas, ¡artistas como ya no los hay!

¡Farsa continua! Mi inocencia me haría llorar. La vida es una farsa que todos debemos representar.

¡Oh, la mosquita ebria en el urinario de la posada, enamorada de la borraja, y a la que un rayo disuelve!

¡Qué hablaba yo de mano amiga! Una buena ventaja es poder reírse de los viejos amores engañosos, y cubrir de vergüenza esas parejas mentirosas —vi el infierno de las mujeres allá—; y me será posible poseer la verdad en un alma y un cuerpo.








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martes, 1 de enero de 2013

La vida

   
   

¡Farsa permanente! Mi inocencia me haría llorar. La vida es la farsa que hay que llevar adelante entre todos.

Farce continuelle! Mon innocence me ferait pleurer. La vie est la farce à mener par tous.





Una temporada en el infierno
Une Saison en Enfer
Arthur Rimbaud
Hiperión; Madrid, España, 1992
Traducción al español de Ramón Buenaventura
[ p.55 ]










domingo, 30 de diciembre de 2012

Danza


   
   
¿Conozco al menos la naturaleza? ¿Me conozco? — Basta de palabras. Sepulto a los muertos en mi vientre. ¡Gritos, tambor, danza, danza, danza, ¡danza! Ni siquiera se me ocurre que a la hora en que los blancos desembarquen, yo caeré en la nada.
Hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, ¡danza!


Connais-je encore la nature? me connais-je? — Plus de mots. J'ensevelis les morts dans mon ventre. Cris, tambour, danse, danse, danse, danse! Je ne vois même pas l'heure où, les blancs débarquant, je tomberai au néant.
Faim, soif, cris, danse, danse, danse, danse!



Una temporada en el infierno
Une Saison en Enfer
Arthur Rimbaud
Hiperión; Madrid, España, 1992
Traducción al español de Ramón Buenaventura
[ p.51 ]