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viernes, 5 de noviembre de 2010

Arados



Paisajes de palabras:
los despueblan mis ojos al leerlos.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.33 ]





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jueves, 28 de octubre de 2010

Loca



La del bulevard de monigotes
pintados en todo el pavimento
lastrada por fragmentos de ultratierra
y la onomástica lúcida del miedo

gritó
mientras hacía una muñeca:
—¡Pensaba que era inútil!

pero no.



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Mirtha Defilpo
Matices
Libros de Tierra Firme
Agosto de 1991
[ p.45 ]





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martes, 26 de octubre de 2010

La repetición



Hay un modo
de perderse en la noche

Aun entre paredes conocidas
entre las sábanas
dentro de sí

Hay sobre todo
dentro de sí
un camino que lleva
a perderse

Hay siempre
un maldito atajo
por el que siempre
tomo para huir

Es siempre el mismo
modo en que me pierdo
siempre el mismo
camino
en la noche
dentro
de mí



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Mónica Tracey
Hablo en lenguas
Ediciones Último Reino
Marzo de 1999
[ p.67 ]



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domingo, 24 de octubre de 2010

India song



Para una noche de amor
el cuerpo copas altas
cristal tenue
lengua secreta.
La espalda desnuda.

El otoño recorre las islas
la lengua tiñe lo que toca.

Junto al ventanal
junto al espejo
frente a sí
bailan.

La voz recorre las islas
cadencia
sentencia
de un amor para siempre.



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Mónica Tracey
Hablo en lenguas
Ediciones Último Reino
Marzo de 1999
[ p.19 ]

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viernes, 1 de octubre de 2010

La eternidad es un truco



A pique en la selva
me voy, te vas
sin aspavientos,
señas discretas
para el buen entendedor.
Nunca vale como Ahora o Aquí:
Salvoconductos para no envejecer.
Me voy, te vas.
Y queda la crisálida vacía,
el limbo imposible de lo que pudo haber sido.
Ya lo sé.
En la fuente el agua se recicla.
La eternidad es un truco,
un malabar.
Y en la fronda del día,
se disimula mal la desnudez de la noche.
Así estamos,
a tientas,
en un lugar común.



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Horacio Zabaljáuregui
Primer otoño

Querella

Bajo La Luna
Octubre de 2006
[ p.18 ]





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Los propagan mis oídos



Brotan allá, en las zonas indecisas
del lenguaje, palustres poblaciones.
Son criaturas anfibias, con palabras.
Pasan de un elemento a otro,
se bañan en el fuego, reposan en el aire.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.33 ]





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sábado, 25 de septiembre de 2010

Cubo neumático de vidrio



Atónita en lo alto del minuto
la carne se hace verbo —y el verbo se despeña.
Saberse desterrado en la tierra, siendo tierra,
es saberse mortal. Secreto a voces
y también secreto vacío, sin nada adentro:
no hay muertos, sólo hay muerte, madre nuestra.
Lo sabía el azteca, lo adivinaba el griego:
el agua es fuego y en su tránsito
nosotros somos sólo llamaradas.
La muerte es madre de las formas...
El sonido, bastón de ciego del sentido:
escribo muerte y vivo en ella
por un instante. Habito su sonido:
es un cubo neumático de vidrio,
vibra sobre esta página,
desaparece entre sus ecos.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.32-33 ]





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domingo, 19 de septiembre de 2010

Don Giovanni



En la prisión de la piel, el placer
de Sísifo es su trabajo forzado
y el post coitum triste la libertad
                                            provisoria.



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Juan José Saer
El arte de narrar
Seix Barral - Biblioteca Breve
Octubre de 2000
[ p.13 ]





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Estos escombros



Hablamos siempre de otras cosas.
Mientras la casa se desmoronaba
yo crecía. Fui (soy) yerba, maleza
entre escombros anónimos.


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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.30 ]





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jueves, 9 de septiembre de 2010

Adolescencia



Nubes y nubes, fantasmal galope
de las nubes sobre las crestas
de mi memoria. Adolescencia,
país de nubes.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.25 ]





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martes, 31 de agosto de 2010

Gajo de muérdago



Nombres anclados en el golfo
de mi frente: yo escribo porque el druida,
bajo el rumor de sílabas del himno,
encina bien plantada en una página,
me dio el gajo de muérdago, el conjuro
que hace brotar palabras de la peña.
Los nombres acumulan sus imágenes.
Las imágenes acumulan sus gaseosas,
conjeturales confederaciones.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.25 ]





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domingo, 29 de agosto de 2010

Primer otoño



Elegía allí,
te estabas yendo:
la boca voraz
del perro del hortelano.
El albedrío para la despedida.
Elegía allí,
en la desazón del canto,
el rechazo de tus caricias.
El mester claustral de la discordia.
Elegía allí,
para los dos,
las migas de pan del cuento,
las marcas imborrables
por las que no se vuelve.



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Horacio Zabaljáuregui
Primer otoño

Querella

Bajo La Luna
Octubre de 2006
[ p.13 ]





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miércoles, 25 de agosto de 2010

Paso de la serpiente


serpientes breves, de pasos evaporados
Lezama Lima


1.
De la serpiente el paso traslúcido
babea en el instante el eco que se abomba
o tapiza de jades, como un pespunte verde
alza coloraciones en el giro del espacio increado,
trasnatural, su giba en roce desleyente
borra casi olvidando las leyendas del jabón
mas del halo al halarlo resurgen contraseñas
o anulares que enseñan la lucidez del paso.


2.
Serpentina de cobras en el ballet mohave
mojándose a la sombra de espiraladas araucarias
por marcar en la hiedra la levedad de un paso
que es en verdad el paso de la hierba por el aire
mojado de los círculos de ojos hueros en salitrosos
vidrios fintas de macramé escandiendo la cítara
pupilar, su enamorado colibrí la córnea
cornea simulando en la alfombra del musgo
en lo aguado del aire ese rocío del humo en su
dehiscencia.



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Néstor Perlongher
Águas Aéreas
Último Reino
Septiembre de 1991
[ p.53 ]





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Para ver más :
http://autorexus.com.ar/sint_axis/

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domingo, 22 de agosto de 2010

La lengua del cuerpo



Perderse en el otro
es perderse
soltar la flecha
el arco el cuerpo
tensa
desaparece
ya no está
sino en la flecha
que desaparece
así el amor
abandona la mirada
en otros ojos
las manos en otro cuerpo
la dulce miel de los labios.



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Mónica Tracey
Hablo en lenguas
Ediciones Último Reino
Marzo de 1999
[ p.21 ]





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jueves, 19 de agosto de 2010

Dylan Thomas in America



En los aviones y en los trenes, uno
se siente sólido y eterno. Pero una muerte
dócil me esperaba en el silencio frío
del hospital. La trabajé sin miedo
y por cada minuto que viví
puse una piedra sobre mi cuerpo ciego y estragado
hasta que la borrosa realidad y mi espeso
silencio se hicieron una sola cicatriz
lisa como una lámina.
After the first death, there is no other.
Pero la tenue esmeralda
de los helechos, como una niebla dura,
murió diez veces desde entonces, en cada tenso
invierno, en los jardines de Gales,
y por diez veces, fénix frágil,
renació.



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Juan José Saer
El arte de narrar
Seix Barral - Biblioteca Breve
Octubre de 2000
[ p.11 ]





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Jaulas



siempre y nunca es lo mismo,
nunca ha llovido y llueve siempre,
todo está siendo y nunca ha sido,
pueblo sin nombre de las sensaciones,
nombres que buscan cuerpo,
impías transparencias,
jaulas de claridad donde se anulan
la identidad entre sus semejanzas,
la diferencia en sus contradicciones.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.20 ]





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lunes, 16 de agosto de 2010

Momia



Ha podido eludir los centinelas
de los setenta días encubierta
purgado el vientre, vacía la cabeza
párpados de balanza quieta
bajo dos iguales partes de salmuera.
Mírase.
Enjalbega su parábola fingida
piel de lino finísimo y mucílago.
Cavila.
Cenotafio aleve.



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Mirtha Defilpo
Después de Darwin
Ediciones Último Reino
Septiembre de 1983
[ p.29 ]





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Eso en el ojo



Ver al mundo es deletrearlo.



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Octavio Paz
Pasado en claro
Fondo de Cultura Económica
Segunda edición, nueva versión, 1978
México, D.F.
[ p.15 ]





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miércoles, 11 de agosto de 2010

Lluvia



Meretriz,
violada por un ángel,
que el aguaviento hizo venir a tierra.

Quedas preservada de los santos
transferidas sus alas
a tu dorso que al tumbarse no las pierde.



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Mirtha Defilpo
Matices
Libros de Tierra Firme
Agosto de 1991
[ p.44 ]

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Elegía a Carlos de Rokha



No hubo dolor en el momento justo
de oír sobre tu muerte. Fue como si tú mismo la hubieras anunciado
en uno de esos absurdos llamados telefónicos que solías hacer a tus amigos:
una broma sangrienta.
Y la inocencia que, a esas horas, se volvía irritante, la cigarra de una voz chirriando
en la paja seca del día. No hubo dolor
por sí, Carlos, la inmediata certeza
de que contigo se eclipsaba la noche
sobre el desierto de un día estable y es como si cayera
un poco de ceniza del cielo sobre tierras eriáceas.

Me he llamado a lo real. Pero qué peso insoportable
tendría ahora un guijarro sobre la palma de la mano. Todas, todas estas pobres historias
diurnas no son sino desgarradoras. Aquí, también, esta visión confusa
y demasiado nítida de caras conocidas.
Si la vida no es más que una locura
lo que importan son los sueños y aun el delirio, la mentira piadosa
de las palabras en libertad arrojadas
al millar de los vientos nocturnos,
como en tu poesía: la oscuridad vidente:
palabras como brasas, balbuceos del fuego.

Tenías que morir acaso así, como quien
despierta de sí mismo en un acceso de sangre;
es sorprendente, pero natural,
la poesía ha muerto, entre nosotros, fue un sueño
tú sabes qué difícil de conciliar entre otros:
palabras y, en el fondo
sigue a la exaltación un cansancio profundo,
sólo una rabia negra que tiende a confundirse
con la oscuridad. Así
todo era destrucción para ti a ciertas horas
tan fácil recaer en la locura aullando
por un poco de paz en el exceso del bosque.
"Vuelvo al bosque" —escribiste a tu familia a una edad que tendrías para siempre—
hijo el más pródigo de todos, tan dócil
como Isaac pero irrecuperable.
Abraham fue el victimado y el ángel
de la poesía enzarzado en las alas
mal te pudo salvar del autosacrificio
si el mismo era un temblor de hojas, un grito pánico.
Oveja negra como todas las noches
de una misma soledad de cuarenta y dos años.
No es verdad que extraviaras el camino, sólo cabía girar
sobre tus propios pasos en un desierto espeso.
Ella —la poesía— al menos fue tu sombra.
No iba a encender en el hueco de la mano
temblorosa, a la siga de un ciego blasfemante
ninguna luz que no fuera tempestad.




Enrique Lihn - - - incluido en su libro La pieza oscura



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