Mostrando las entradas con la etiqueta Fragmentos sin futuro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fragmentos sin futuro. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de octubre de 2016

Fragmentos sin futuro 19

Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.

- - -
- - -
- - -

Me preguntaba el otro día si será por alguna moda (que ignoro) que las editoriales de poesía de estos días tienen nombres tan feos.

- - -

La violencia hace que personas buenas se vuelvan crueles.

- - -

Noto que hay una tendencia a creer que todo lo que se publica en la Internet (en espacios como el FaceBook y similares) es cierto; y me pregunto cómo ha ocurrido que el mundo se ha llenado (mayoritariamente) de boludos o si será que la cantidad se ha mantenido constante y es la Internet (justamente) la que hace que ahora se note mejor.

- - -

Pareciera no haber boca lo suficientemente grande para conmemorar los doscientos años de independencia... y me quedo esperando la carcajada.

- - -

La primera vez que escuché aquella declaración: “Yo estoy dispuesto a morir por mis ideales.” Y ya entonces tuve toda la sensación de que no acordaba conmigo. Aquella sensación no hizo que me sintiera muy bien que digamos; y, al principio, pensé que era porque me parecía que siempre habría mejores opciones que morir. Con lo años, tuve que reconocer que, aun cuando seguía pensando eso de las opciones, no era eso lo que me molestaba de la dicha declaración. Lo que me molestaba (y me molesta aún) es que quien la declama lo que en realidad está diciendo es que, por sus ideales, está dispuesto (como lo probaron no pocos, y lo siguen probando) a matar.

- - -

La bandera es un síntoma.

- - -

Primero, dice que el capital es el mismo demonio.
Después, maldice porque la selección de fútbol no ganó el campeonato.
Es incapaz de ver que el campeonato fue organizado por el capital.
Y maldice de nuevo cuando la izquierda resulta una minoría.
Y pierde las elecciones.
Y maldice de nuevo que la democracia sea producto del capital.
Así, fracasa la izquierda, atendida por sus propios dueños.

- - -

Cuando alguien me molesta, pero mucho (lo cual, debo admitirlo, no ocurre a menudo), tomo una hoja y escribo su obituario; sé que, muy probablemente, no será útil a la brevedad pero, curiosamente (y para mi sorpresa), a los pocos minutos me olvido del asunto.

- - -

Para ser útil, hay muchas veces que poseer un don, no basta con el esfuerzo. Pero, cuando no se tiene el don, se puede poner el esfuerzo al servicio de no ser inútil.

- - -

viernes, 1 de julio de 2016

Fragmentos sin futuro 18

Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.

- - -
- - -
- - -

Vos sabés que escribo y que ando por ahí diciendo que soy escritor; lo cual es cierto en el sentido estricto dado que escritor es quien escribe; como también lo son el escribiente, el escribano y allá lejos, en un país que solía habitar, el escribidor. A lo que voy es a que a los escritores les gusta usar metáforas, especialmente a los que se presentan como poetas; y he llegado a la conclusión de que las metáforas son mecanismos para inteligencias necesitadas de alimento, cuando no miserablemente mentirosas. Porque, si hay una manera de decir A, nadie que no buscara el resultado de un engaño diría B y esperaría que el otro entienda A. Ya sé que alguno te dirá que hay metáforas exquisitas por su belleza o por su originalidad; pero, claro, estaríamos hablando de menos del uno por ciento del total de las metáforas que se puede encontrar en esa bolsa que una mayoría atolondrada llama literatura; mucho menos. Se me da por escribir esto porque, el otro día, alguien me felicitó por mis metáforas... lo cual es un recurso del que no saco provecho. Te podrás imaginar lo cuesta arriba que sería si me pusiera a explicar a un desconocido por qué eso que cree que es una metáfora no lo es; motivo por el cual no lo hago —para no mencionar que ni mis santos tendrían la paciencia requerida. Cuando escucho que alguien dice que la poesía vive gracias a la metáfora, me palpo el bolsillo para asegurarme de que no me olvidé los fósforos. En suma, que la metáfora es un recurso que la composición de las palabras permite para estafar al lector. Y no puedo esperar a que se termine de levantar el cadalso.

- - -

Estaba en Mar del Plata, descansando de las rutinas del año, eran los primeros diez días de diciembre, lindo momento para estar ahí, con los turistas todavía lejos y los habitantes ocupados en preparar las fiestas que se aproximaban; días templados, alguna lluvia pasajera, el pasado y el presente mezclados con los pasos que sin demasiado plan andaban por las calles de Stella Maris. Marta se cansaba a las pocas cuadras pero aguantaba y no decía nada; la edad trae esas cosas: por eso era que se iba a la cama temprano. Alguna tarde, Silvia, Tatu y yo salíamos a caminar por Güemes y, a la vuelta, pasábamos por Fátima a comprar la cena; comprar en aquella rotisería fue siempre un clásico de la familia, la que me devolvió momentos alegres al comienzo de los noventa. El sábado por la noche, llegaba la Muni junto con el resto de la compañía de danza: bailaban el domingo 6 por la noche en una suerte de casa dedicada a las artes escénicas la cual no quedaba en el Centro precisamente sino más allá de la avenida Independencia y se llamaba El Galpón de las Artes: sobre Jujuy, a media cuadra de Rawson. Nosotros estábamos en Viamonte a pocos pasos de la avenida Colón y se nos había roto una de las cubiertas del auto esa misma tarde cuando volvíamos de Miramar, así que, ya desde ese momento, había decidido que iría caminando —Silvia ya había visto el mismo espectáculo en Baires y prefirió quedarse en el departamento para que Marta no estuviera sola y Tatu no saliera de noche; la verdad era que todos estaban cansados por haber pasado el domingo entero dando vueltas por ahí. Yo también estaba cansado, pero tenía ganas de ver bailar a la Muni y la idea de irme caminando por Colón hasta Independencia me atraía, aun cuando no supiera el porqué; era una especie de bonificación que me regalaba esa noche. El espectáculo comenzaba a las nueve, así que un poco antes de las ocho emprendí el camino. No hacía frío pero estaba más fresco que en los días anteriores; y no había casi nadie por la calle. A las dos cuadras ya me estaba preguntando si no me estaría metiendo en terreno inseguro al caminar por ahí; porque, si bien la avenida hasta pasar la Plaza Colón tenía las rotiserías abiertas y alguno que otro andaba por ahí con alguna bolsa de haber hecho compras, más allá sabía que la actividad iba a mermar todavía más. De todos modos, allá seguí con mi camino, sin cambiar el paso y observando la avenida y las luces, y los sonidos del aire de la noche. Había, además de los sonidos, otra presencia dando vueltas y hablando, pero llegué al Galpón de las Artes sin haber podido descifrar qué era lo que me estaba diciendo. Todavía faltaba un poco para que comenzara la función así que aproveché que había una suerte de bar instalado medio artesanalmente y me pedí una coca, la cual me fue servida en un vaso de plástico. El espectáculo fue muy bueno, la pasé muy bien; me hizo recordar otros tiempos, cuando ir a lugares como aquel Galpón era cosa de todos los fines de semana; lo mismo que quedarse hasta tarde hablando y tomando lo que hubiera a la mano y fumando como escuerzos... sí los años setenta y la primera parte de los ochenta. Saludé a la Muni, quien estaba muy contenta de que hubiera ido, e inicié el camino de regreso. Pensé en tomar un colectivo; pero, entre que lo pensaba y evaluaba las posibilidades, llegué hasta Colón y, sin mucho más que meditar ya estaba encaminado hacia el departamento. Y fue pasando la calesita de la plaza cuando la voz que me había estado hablando todo el tiempo en la ida se hizo entender; y me detuve una cuadra después, en la esquina, y miré la subida que hace la avenida antes de llegar a la costa, y las luces de la calle y las de los negocios, muchos de los cuales ya estaba cerrando, y fui testigo de cómo eso que miraba se superponía con otras imágenes, de hacía más de veinte años, de los últimos días del otoño de 1983: Laura y yo, por esa misma avenida, arropados contra el frío mientras buscábamos un lugar, barato, donde cenar. Y me di cuenta de que tendría que dejar que esa historia se tejiera donde pudieras verla; que veinte años es mucho tiempo para apretar una mordaza. Por eso fue que te conté esto ahora, para dejar la puerta entornada; para que sepas que las historias tristes también se cuidan y llega un día cuando deciden cambiar de vereda, pasar de una sombra a otra; y otra.

- - -

viernes, 1 de abril de 2016

Fragmentos sin futuro 17

Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.

- - -
- - -
- - -

Muy poco me gusta de lo que gusta.

- - -

Las características que está tomando la mediocridad me asustan.

- - -

Pasado un rato, el ruido bien podría llamarse a descanso.

- - -

Este hueco
extraño
en la mano

- - -

Escribí unas líneas más de la historia que me ocupa estos días y me pregunté si llegaré a terminarla. (03.01.16)

- - -

Son pasadas las cinco de la tarde y el pie no me ha dolido en todo el día; ni siquiera después de haber caminado más de cuatro kilómetros. Mi parte supersticiosa se pregunta si no será que algo malo está por pasar.

- - -

viernes, 1 de enero de 2016

Fragmentos sin futuro 16

Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.

- - -
- - -
- - -

Me parece muy bien que la gente silbe por la calle.
Es una lástima en lo que toca a la elección musical.
Comprendo que Bach pudiera resultar un tanto complicado.
Pero Beethoven bien podría estar más al alcance de la mano... o, dado el caso, de los labios.

(Hasta me conformaría con Strauss.)

- - -

Tuve que ir hasta la sección de libros más viejos de la biblioteca, la mayoría de ellos ya leídos, para una consulta de poca consecuencia y me encontré con Sartre... claro está que no con el Sartre de carne y hueso, calculo que me entendiste bien, sino con sus libros; y justo ahí, sobresalientes, los tres volúmenes de “Los caminos de la libertad”, editados por la inestimable Losada. Y, tal como es costumbre, aquella visión llegó acompañada de otras pertenecientes a la misma época de su adquisición. Los tres habían sido comprados, en agosto de 1978, en La Casona de Iván Grondona, en la calle Montevideo, a pasos de Corrientes; en cuyo sótano Ecos del Viento dio dos recitales poco después, en octubre y en diciembre; mismo lugar donde, años más tarde, estaría la librería Gandhi. Aquel año leí el primero, “La edad de la razón”; recuerdo claramente haberme bajado del 92 con el libro en la mano e ir  caminando por Santa Fe hacia Billinghurst. Lo terminé en septiembre y no recuerdo por qué fue que dejé los otros dos sin leer; estaba claro que tenía la intención de hacerlo, por eso había comprado los tres juntos... pero no fue así. Lo cierto es que ya llevo leída más de la mitad del primer volumen; algunas hojas a media mañana y otro tanto luego del almuerzo. Y cada vez que veo, en aquella letra conocida, que en la primera hoja dice “septiembre 1978”, me detengo con un pie sobre el cordón y miro con mucho cuidado antes de cruzar Billinghurst. (03.10.15)

- - -

Me molesta, y no poco, que los noticieros se hayan transformado en programas de espectáculos; o sea: de diversión.

- - -

Cuando estudiaba inglés, allá por los sesenta, leíamos Stevenson, Dickens, Maugham, Wells... A juzgar por los libros que se utilizan ahora, para estudiar inglés hoy, se comienza por ser un tilingo insuperable.

- - -

Todas las mañanas acompaño a Tatu hasta la escuela; salimos a las ocho y por el camino nos cruzamos con un montón de pibes que también van a clases; algunos van solos, otros van con sus padres o abuelos, algunos de a dos, otros de a tres... Estas salidas diarias me han enseñado que, para saber cómo anda el sistema educativo, basta con observar la cara que estos chicos llevan a la escuela.

- - -

Los personajes de Sartre tienen esta cosa atractivamente siniestra (también podría llamarla siniestramente atractiva —como para no privilegiar un aspecto sobre el otro); por ejemplo uno dice: “Este champán es una porquería”, y enseguida: “Sírveme otra copa.”

(Como ves, utilicé el tuteo en lugar del voseo para no alejarme del tono de los traductores de los cuarenta.)

- - -

Me estaba acordando ayer de la vez cuando me dijiste que el orden, cualquier orden, nunca era inocente.

- - -

miércoles, 1 de enero de 2014

Fragmentos sin futuro 08

   
Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.

- - -
- - -
- - -

No estoy lo que se dice de buen humor; nunca estoy de buen humor (lo que se dice)... pero quien no me conociera, quien no estuviera avisado de esta circunstancia pudiera creer que sí; por lo tanto... esta sonrisa que casi se me escapa de a ratos y sin motivo fácilmente discernible tendrá que tener piedad de sí; y contar su historia en cuanto comience a llover.

(Cosas que ocurren cuando se camina sin rumbo por Rivera Indarte.)

- - -

La gran mayoría de la gente forma sus opiniones a partir de información de segunda mano (por lo menos). Esto solo debería bastar para pensarlo dos veces antes de imaginarse el futuro. O salir a la calle sin sombrero.

- - -

Ocurre, con el dolor, que pasada cierta cantidad es imposible andar llevándolo de un lado al otro.

- - -

Me pregunto si a otros en otras épocas les habrá parecido la suya tan maravillosa muestra de mediocridad.

- - -

martes, 2 de julio de 2013

Fragmentos sin futuro 06

Durante los últimos tiempos, distintos fragmentos —voces de ninguna parte bien cercana— me dieron plenamente en la cara; algunos son principios de historias, otros son finales, y los más: interrupciones a la mitad; historias todas ellas que nunca escribiré. Imágenes vagas, incompletas, bajas. Corazones de sangre apagada, detrás de unas risas, o de una burla. Para pasar y olvidar. Como los cardones de la ruta.

- - -
- - -
- - -

Terminan por importarme poco y nada las reivindicaciones de quienes le pegan a quien tienen cerca sencillamente porque ése a quien deberían pegarle les queda lejos.

- - -

Para que los boludos pasen a la escena en estampida, nada más tiene alguno de ésos que siembre andan con buenas intenciones que abrirles la puerta...


Si hubiera puerta.

- - -

¿Está bien utilizar las armas del enemigo?

- - -

Hay una acción (que es una de las acciones más políticas que hay) y se llama desobediencia civil.
¿Cómo es que nadie llama a la desobediencia civil?

- - -

Cada vez que alguien menciona la palabra “enorme”, se me entrecierran los ojos.
Ha de ser porque anduve leyendo lo que le pasaba a los perros de Pavlov.
O porque el aire arrastra virutas.

- - -

A ver... ¿para dónde quedan las Malvinas?...

- - -

Hay que congelar el precio de la lluvia...

- - -

Perdón... quise decir: Malvinklands.

- - -

Cuando una persona comprende que los mejores momentos de su vida ya han pasado, que los momentos felices han pasado, las frustraciones se van haciendo más livianas, a tal punto que deja de haberlas.

- - -

Cuando el pueblo pone el ingenio cínico al servicio del sarcasmo, le da camino libre al fascismo.

- - -

La existencia del pasado prueba que la maravilla existe.

- - -

Se congratulaba de tener buena memoria, una que le permitía recordarlo todo a conciencia; pero sabía que una mejor memoria era la que permitía olvidar.

- - -

Me da mucha tristeza haber nacido en una tierra donde la gran mayoría del pueblo es fascista.
Por eso, entre el pueblo y la tierra, me quedo con la tierra.
Por eso, leo apoyado contra mi árbol, sus palabras.

- - -

Me levanté y eso que era media mañana y el tío estaba todavía dormido en el sillón grande con las piernas hacia arriba y el Pau tenía los auriculares puestos con la tele apagada y la abuela estaba sentada y con los ojos abiertos y blancos y así cada uno de los demás en la pieza del frente y el baño y la cocina y en la pieza del jardín y en esta familia al final y sin pensarlo de nuevo son todos unos tarambanas porque nadie ninguno nadie tenía la menor idea de dónde había quedado la canastita con las pastillas

- - -

Muchos dicen polémico cuando deberían decir ruidoso.

- - -

Ayer, en medio de la noche, me despertó una carcajada.
Creo que era el futuro.

- - -

Hoy, casi media hora después del mediodía, sonó el timbre; pensé que podía ser un comprador que venía a buscar un libro. Pero no: era un hombre un poco mayor que yo que me traía su bote para que se lo reparara. Era una persona agradable y charlamos un rato; pero al final tuve que explicarle que no arreglaba botes. Me saludó sin perder su amabilidad y se fue; estoy casi seguro de que se iba llorando.

- - -

Por más que otros actúen como si así no lo fuera, o te lo nieguen en la cara (me aseguró la piedra roja y de vetas celestes con la que hacía rato que estaba conversando), la vida es una cosa de lo más rara.

- - -

Tiene que existir un fundamento mejor que el ser argentino para querer que las cosas que nos rodean cambien y se vuelvan dignas. Porque, si fuera ése el único fundamento, pueden contar con mi ausencia.

- - -

Hace ya unos años, las personas nacidas acá a la vuelta, en este país que ya ha dejado de ser una república, comenzaron a creerse que son vaya a saberse qué, por allá arriba, planeando por la estratósfera; campeonas de esto y campeonas de lo de más, campeonas incluso de eso que todavía está por inventarse, son miradas por el resto de mundo como una multitud fascista. Y no importa si usted tiene otra mirada acerca de las cosas y sobre sí mismo, cuando quiera abrir la boca, acá a la vuelta o parado en la cima del Monte Blanco, será escuchado como si fuera un fascista. Así que, estemos preparados.

- - -

Conozco una señora que no se pierde un capítulo de la serie “Game of Thrones”...
Esto ocurre porque se imagina a sí misma en la piel de Cersei Lannister...
Acá tenemos una de las consecuencias ineludibles de la ignorancia.
A mí, que me he leído los cinco libros ya publicados de esta saga, me va a encantar verle la cara cuando lleguen las siguientes dos temporadas.

- - -

No hay justificación para que quienes pagan con monedas su viaje en colectivo deban pagar mas que quienes utilizan la tarjeta del gobierno.
Tiene todo el aspecto de un castigo para quien no desea entregar datos personales. O no desea entregar su dinero de manera anticipada para que los jerarcas hagan sus negocios antes de pasarlo a las compañías de transporte.
Es otro indicio de que vivimos en un estado policial; que es otra manera de decir fascista.

- - -

El sentido de la vida fue un invento de los políticos para tapar sus miserias.
Para confirmarlo, nada más hay que dejarlos hablar.
Después de preguntarles qué tienen en los bolsillos.

- - -

Según el gobierno, robar también es trabajo.

- - -

Si la humanidad desea ser salvada, si lo desea realmente, deberá aceptar primero su destrucción.

- - -

Decía Saint-Exupéry por boca de su Principito que lo esencial era invisible a los ojos...
Pero los tiempos cambian: ahora, lo esencial, se ha vuelto invisible a la materia gris.

- - -

Todo el mundo cree en la justicia hasta que las cosas no salen como esperaban.

- - -

Las personas, en su mayoría, tienden a dejar de lado que la exigencia no cuesta poco.
(Me gusta la ambigüedad que produce la doble negación.)

- - -

La demagogia es un bien público.

- - -

¿Será abuso de confianza pedirle al papa que le sugiera a su dios darse una vueltita por acá?

- - -

Me he encontrado con que resulta sumamente difícil explicar —y que otro entienda— la diferencia entre una expresión de deseo y un pronóstico.

- - -

Cuando las reglas vienen establecidas por criminales, vivir con tranquilidad no es posible. Esto vendría a ser una definición clara de lo que produce la ignorancia. Pero, ojo, porque cada quien tiene una idea diferente de la cultura. Se puede regalar libros o un poema escrito en una servilleta de papel, pero no hay mejor unidad de medida que el sudor de la frente.

- - -

Cuando un pueblo está compuesto mayormente por personas deshonestas, se puede pensar que tener un gobierno deshonesto es la consecuencia lógica. Los gobiernos fascistas cuentan con la deshonestidad de las personas para mantenerse en el poder.
Alguno podría pensar que un pueblo no puede ser mayormente deshonesto, que la inclinación natural de una persona es a ser honesta. Que lo que le puede pasar a un pueblo es que esté compuesto por una mayoría de personas pobres.
Que una persona sea pobre no implica su honestidad, tampoco es condición necesaria y suficiente para que lo sea. Muchas veces sucede sencillamente que una persona pobre está esperando la oportunidad favorable para lanzarse a la rapiña.

- - -

Que no quepa duda alguna: muchas cosas Conrad las escribió para que me riera, y él, a la distancia, me hiciera un gesto leve con la mano, o incluso hasta un guiño.

- - -

La Reina de Corazones estaba en lo cierto.

- - -

El diablo pide más y el saco no tiene fondo.
En la iglesia de las balas perdidas no alcanzan las velas.
Las manos extendidas abarrotan la puerta.

- - -

La pelota no se mancha porque la pelota es una mancha.

- - -

En 1810 un grupo de patricios iluminados se dieron cuenta de que era la oportunidad propicia para abandonar el pago de tributo a la corona española. ¿Para qué, pensaron, si nos lo podemos quedar nosotros?
Por supuesto, había que sacarse de encima a Mariano Moreno.
Y así se fundó este país.

- - -

Harto de quienes creen que su perro es una de las maravillas del universo.

- - -

Antes, el mundo quedaba lejos; ahora, no se queda.

- - -

“Sólo una cosa no hay. Es el olvido”, decía Borges en su poema “Everness”. Su confianza en el amor no tenía límites. Entretanto, el amor pintaba (y pinta) caras sobre las caras y, debajo de los párpados, un antifaz.

- - -

Los foros de opinión: una de las peores lacras que nos ha dejado la Internet.

- - -

Hablo de la sombra porque me gusta. Sé que no hay muchos que hablen de la sombra; ni de su prima, la obscura; pero no es por esto por lo que hablo de la sombra. Muchos hablan de la luz; la luz me enceguece, pero que hablen de la luz no me inquieta. Tampoco le temo a la luz; me gusta caminar al sol en el invierno; también en el verano, pero en el invierno me trae recuerdos de la niñez. Caminar al sol en el verano me trae recuerdos de la adolescencia. Y entonces, sin intenciones de enojar al sol, ni a la luz, me gusta la sombra; y la sombra me lo agradece. Especialmente cuando resbala desde tus cejas y me cuenta un nuevo secreto.

- - -

La soledad está subestimada.

- - -

Con tantos iluminados en política, no me explico el estado en que estamos.

- - -

Todo se transforma lentamente, a veces de maneras más que imperceptibles.
Prueba de ello es ver cómo el rock’n’roll se ha transformado en esta mierda.

- - -

Los aprendizajes duelen, pero así es la cosa. El dolor espanta; y así vamos.
El reclamo de una persona debe hacerse en tanto persona: no porque sea negro, o petiso, o tuerto, o rengo, o amarillo, o hijo de tal o cual tierra.
De otro modo, lo que se reclama es un privilegio.

- - -

Soy como esos chiquillos que desmontan un despertador para saber qué es el tiempo. (Roland Barthes)

- - -

En ocasiones, ser bueno es insuficiente.

- - -

La mayoría de las personas acepta rápidamente los regalos de la modernidad sin detenerse a pensar si no se tratará de un soborno.

- - -

Esencia escurridiza la del dolor: hace que una persona afirme con profundidad con la misma facilidad que estúpidamente.

- - -

Cuando un micrófono se manifestare: cerrar la bocare.

- - -

No he perdido la costumbre de pensar.
Adquirida con el tiempo y, muchas veces, con trabajo, no se despega hoy de mí.
Pero, el otro, ése que poco y nada tiene de mí, se impacienta cuando, después de una pregunta, me tomo mi tiempo para pensar.
Resulta difícil, para el otro, cuando eso que requiere no está cerca de la superficie.
Por eso, prefiero los ruidos a la preguntas, el sonido del aire al movimiento de un pie o una mano mientras se prepara a arrebatar eso que no puede esperar a que le sea dado.

- - -

El precio que cada quien le ponga a su tiempo es cosa de cada quien.

- - -

La propaganda política me provoca vergüenza ajena.

- - -

Se sabe que el universo tiene un límite, que no es infinito; contrariamente a lo que pasa con la pavada.

- - -

No espero.

- - -

Hoy, terminé de leer “Pavilion of Women”, de Pearl S Buck: un libro hermoso.
Sobre personas que me son ajenas, una cultura que me es ajena, y lugares y momentos que me son ajenos. Pero que ya nunca dejarán de ser parte de mí.
Un libro hermoso.

- - -

En la tumba del padre desconocido dice: No jodan; dejen leer en paz.

- - -

La violencia es un recurso del ignorante.
Lo digo teniendo presente que llevo una libreta con los nombres de las personas que espero ver muertas algún día.
La tengo desde 1985. La mitad de los nombres están tachados.
(Fragmento de una novela ambientada en las cercanías).

- - -

Esa maldita costumbre de andar por la vida convencidos de que tenemos deudas que cobrar.

- - -

La política se ha transformado en un fenómeno de cancha.

- - -

Democracia no es una muchedumbre que hace ruido en la calle.

- - -

Me entusiasma cuando una persona se esfuerza, al escribir un poema, para que no caiga en lugares donde ya han caído otros poemas y, al mismo tiempo, evita el recurso escandaloso. No hay muchos escritores inclinados a hacerlo; la mayoría prefiere ir a lo seguro, aun cuando se encuentre muy visitado. Por eso, dejé que tu perro me arrancara la mano; así tengo una excusa para no aplaudir.

- - -

Estaba esperando a que llegara mi hija para ver una película y la tele quedó encendida en el noticiero. Estaban pasando imágenes de los disturbios en las calles de alguna ciudad del Brasil. Entonces el periodista a cargo del micrófono dijo algo así como:
—Hay mucha confusión, no hay una cabeza visible, no se comprende cuáles son las reclamaciones…
Y fue esta última palabra la que me detuvo en lo que fuere que mi cabeza andaba pensando para poner mi atención en la tele. El periodista, aparentemente complacido y hasta en éxtasis por su hallazgo, repitió la palabra “reclamaciones” hasta el cansancio.
Desconocía yo la existencia de tal palabra y no pude menos que preguntarme qué habría pasado con la vieja y fiel “reclamos”; también por qué, si tenemos una palabra con más historia, nos vemos obligados a sufrir su reemplazo por invenciones que, por lo menos, podemos tildar de defectuosas.
Motivado por lo anterior me fui a fijar y, lejos de mi sorpresa, me encontré con que en la Internet varios sitios dedicados a ofrecer el significado de palabras aceptaban este engendro. En estado de frustración, recurrí a nuestra edición 1984 del DRAE y, efectivamente, ahora sí para mi sorpresa, ahí estaba; y su significado ocupaba todos los lugares que desde mis más tiernos días habían estado ocupados por la palabra “reclamo”. Casi al borde de la desesperación, busqué “reclamo” y me encontré con una punta de significados los cuales me fueron extraños hasta que, con la salvedad de que había entrado al ámbito legal, ahí sí, reclamo significaba: reclamación contra lo que es injusto.
Así es nomás: el cosmos me la hizo de nuevo. Lo que hasta ayer llamaba realidad, dejó de ser lo que era. Justo cuando creí estar en el paso de frontera de una nueva transformación del lenguaje, esas ocasiones extraordinarias e irrepetibles, como quien sin proponérselo presencia la muerte del último bacilo de Koch, me fui a la cama sin postre y, para colmo, engripado y con fiebre.
A pesar de lo dicho y dado que el tiempo que ha pasado desde mis días más tiernos no ha sido poco, me fui durmiendo en la convicción de que los cambios en los distintos idiomas son producto de la pereza y de la ignorancia, de acá al futuro más que nunca; y me tomé tres tragos de jarabe; y dejé la luz encendida un rato más a la espera de la llegada del verbo “reclamacionar”.

- - -

Nadie parece inquietarse cuando un hincha de fútbol habla de mal gusto.

- - -

It was the year 1965 and afternoons were a happy time. Among other stories from other authors we read “Mrs Packletide’s Tiger”; and we laughed our souls out. Then we learned about Saki — our Hector — and how he had died, on 1916, during the Great War. And although almost fifty years had passed we learned too that merriment had a sad shoulder. And so we said goodbye. And we grew old.

- - -

Acá Drum-Drum y el sábado nocturno. Estoy terminando de leer mi volumen de cuentos completos de Saki. En el final trae una biografía escrita por su hermana, Ethel; la estoy haciendo durar, pero se me termina. Por suerte, ya ando eligiendo qué vendrá después. Por la noche me gusta leer cuentos, y poemas, y alguna cosa fragmentaria. Las novelas me atrapan de mañana; casi nunca de tarde.
Felices sueños —lo mejor es cuando son de aventuras.
Y que la mañana te encuentre brillante.

- - -