martes, 4 de diciembre de 2012

Sobre la conducta de los monos


Suponga que uno tiene seis monos en una pieza. Del cielo raso, cuelga un “cacho” de bananas. Justo debajo de él hay una escalera (como la de un pintor o un carpintero). No hace falta que pase mucho tiempo para que uno de los monos suba las escaleras hacia las bananas.

Y ahí comienza el experimento: en el mismo momento en que toca la escalera, todos los monos son rociados con agua helada. Naturalmente, eso detiene al mono.

Luego de un rato, o bien el mismo mono o alguno de los otros hace otro intento con el mismo resultado: todos los monos son rociados con el agua helada a poco que uno de ellos toque la escalera. Cuando este proceso se repite un par de veces más, los monos ya están advertidos. No bien alguno de ellos quiere intentarlo, los otros tratan de evitarlo, y terminan a los golpes si es necesario.

Una vez que llegamos a este estadío, retiramos uno de los monos de la pieza, y lo sustituimos por uno nuevo (que obviamente no participó del experimento hasta aquí). El nuevo mono ve las bananas e inmediatamente trata de subir por las escaleras. Para su horror, todos los otros monos lo atacan. Y obviamente se lo impiden. Luego de un par de intentos más, el nuevo mono ya aprendió: si intenta subir por las escaleras, lo van a golpear sin piedad.

Luego, se repite el procedimiento: se retira un segundo mono y se incluye uno nuevo otra vez. El recién llegado va hacia las escaleras y el proceso se repite: no bien la toca (la escalera), es atacado masivamente. No sólo eso: el mono que había entrado justo antes que él (¡que nunca había experimentado el agua helada!) participaba del episodio de violencia con gran entusiasmo.

Un tercer mono es reemplazado y no bien intenta subir las escaleras, los otros cinco lo golpean, impidiéndoselo. Con todo, dos de los monos que lo golpean no tienen ni idea del porqué uno no puede subir las escaleras.

Se reemplaza un cuarto mono, luego el quinto y por último, el sexto, que a esta altura es el único que quedaba del grupo original. Al sacar a éste, ya no queda ninguno que haya experimentado el episodio del agua helada. Sin embargo, una vez que el último lo intenta un par de veces, y es golpeado furiosamente por los otros cinco, ahora queda establecida la regla: no se puede subir por las escaleras. Quien lo hace se expone a una represión brutal. Sólo que ahora ninguno de los seis tiene argumentos para sostener tal barbarie.

Cualquier similitud con la realidad de los humanos, no es pura coincidencia ni casualidad. Es que así somos: como monos.

Esta historia me la contó mi sobrina Lorena, cuando todavía no se había graduado de bióloga en la UBA ni se había casado con Ignacio Demarco, otro biólogo. Pero siempre me impactó por todo lo que implica en cuanto se trata de explicar la conducta de los humanos (la fuente es De banaan wordt bespreekbaar, de Tom Pauka y Rein Zunderdorp, Nijgh en van Ditmar, 1988).


Adrián Paenza
"Matemática... ¿estás ahí?"









domingo, 25 de noviembre de 2012

Hopper at Home ((( First Presentation )))


  
  
Lighthouse Hill (1927)


We came down the path
and the light blew
the west



Excursion Into Philosophy (1959)


My heart was the sun
on the wall
at my back



Gas (1940)


One car arrives
One car leaves
I stay



Compartment C, Car 293 (1938)


The words were not good —
sad thing to realize
at evening and middleway



Chair-car (1965)


Some were going
Some were coming
I was just sitting in for the ride



Nighthawks (1942)


She kept talking
And I kept thinking
why was I not drunk



Railroad Sunset (1929)


The sun carried away
the train
and we were gone



Road in Maine (1914)


I waited under the evening lights
but it was never
enough



Summer Evening (1947)


You said not a word
under the still light
good-bye you said not



Self-portrait (1925-1930)


He wanted to paint the sunlight
he said
and the sunlight came



A Woman in the Sun (1961)


The sun gave her
a name
and she answered



Apartment Houses (1923)


I looked at her every morning
and she didn't know
I even had eyes



Approaching a City (1946)


I departed with no memory
and slept —
Now I smile



Light at Two Lights (1927)


We walked all day
and said not a word:
the world was our dirty patch of sand



New York Movie (1939)


Sitting at the back
we struggled with each other —
we knew the world was ending



The Mansard Roof (1923)


We wanted to go out
but grandpa said it was too early —
so we decided to climb



House at Dusk (1939)


She wrote me a letter
but I didn't know how to read it —
A letter she tore down



Hotel by the Railroad (1953)


I had to go — you know
It was not a personal matter
almost



Blue Night (1914)


The clown is dead
Don't shoot the clown
The clown is you



Office at Night (1940)


Everyday I stayed after-hours
to read the poems you wrote —
and then you were gone



El Palacio (1946)


We used to walk by sundown —
Now I just go to the roof
and miss you



Automat (1927)


As cold
as coffee
is dark



Drug Store (1927)


My pain was mine to keep
Came the night my name
So call inward the old seed



Two Comedians (1965)


My dance was yours
and mine
your smile



Pennsylvania Coal Town (1947)


You don't remember
my name
under the lawn



Chop Suey (1929)


You painted me
over your bowl of rice
and forgot my thirst



Prospect Street, Gloucester (1928)


We lived merrily
and we're dead now
in your eyes



Early Sunday Morning (1930)


Early — very early
I was looking for you
into a blind place














miércoles, 14 de noviembre de 2012

Erre con erre



Nos decía Baldomero, entre otras cosas:
“Cuando un compañero me propuso que lo sustituyera durante varios meses como practicante de la Asistencia Pública de La Plata, acepté con toda alegría: fuera como fuera, era salir de Buenos Aires, una hora de tren, un paisaje por la ventanilla, gentes desconocidas, era viajar”...
Y acá fue donde tuve que detenerme y volver atrás algunos pasos: ¿una hora de tren?... ¿a La Plata?... ¿en tren?...
Si miramos en la biografía de Baldomero, veremos que nació en 1886; vale decir que si podía ejercer como practicante, debía de tener unos 25 años; esto nos ubicaría alrededor de 1911 —minutos más, minutos menos.
sea que allá por entonces, hace como cien años, se podía viajar en tren a La Plata desde Buenos Aires ¡y llegar en una hora!
Lo primero que viene a la mente es que los ferrocarriles andaban mucho mejor que ahora. Claro que, enseguida, me llegó la voz de la sabiduría popular o, bueno, puede que no tan popular después de todo sino de alguno que otro habitante del pueblo que todavía resta, y comprendí que lo que verdaderamente pasaba era que, por entonces, las horas eran de mejor calidad y duraban más que las de hoy.



Nota :
La cita fue tomada de “Poesía y prosa”, de Baldomero Fernández Moreno, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968. Este libro está compuesto por selecciones de los libros de Baldomero realizadas por Nora Dottori y Jorge Lafforgue; la que nos interesa pertenece a “Vida y desaparición de un médico” publicado en 1957 (póstumamente).










martes, 13 de noviembre de 2012

Antropomorfosis




De hecho nadie puede saber qué es un animal, en parte porque nadie puede saber lo que es cualquier cosa (Kant dixit) y además porque parece imposible considerar a un animal sin superponerse antropomórficamente a él, de donde se siguen las opiniones de mi tía sobre la maldad de los pumas y las de mi prima sobre la envidia de los gatos o la clarividencia agorera de las lechuzas.


Julio Cortázar
Territorios
Siglo Veintiuno Editores, México, 1984










sábado, 20 de octubre de 2012

Desde los Cuadernos de todo y nada (119)




—Mujer, ¿cuánto te ha costado esta espumadera?
—1,90.
—¿Cómo, tanto? ¡Pero es una barbaridad!
—Sí; es que los agujeros están carísimos. Con esto de la guerra se aprovechan de todo.
—¡Pues la hubieras comprado sin ellos!
—Pero entonces sería un cucharón y ya no serviría para espumar.
—No importa; no hay que pagar de más. Son artificios del mercado de agujeros.



Macedonio Fernández
Cuadernos de todo y nada (p.119)
Ediciones Corregidor. Buenos Aires, marzo de 1990










jueves, 18 de octubre de 2012

Creemos



—Todos estamos incompletos —dijo el Sabio (a Indra)—. Todos nos hallamos divididos y somos fragmentos, sombras, fantasmas sin consistencia. Todos creemos llorar y gozar desde hace siglos.




Marguerite Yourcenar
Cuentos Orientales (Kali decapitada)
Alfaguara. España, abril de 1993
Traducción de Emma Calatayud








miércoles, 17 de octubre de 2012

Desde los Cuadernos de todo y nada (132)




A la negra Tarsia, hoy de 83 años y que come todo el día, le gustó siempre la alegría: un velorio, por ejemplo, era su delicia.  (p.132)



Macedonio Fernández
Cuadernos de todo y nada
Ediciones Corregidor. Buenos Aires, marzo de 1990






lunes, 15 de octubre de 2012

Café de puerto



La puerta no se cierra ni de día ni de noche
y el mar es el cliente mejor de la taberna,
que tiene un nombre ambiguo de tienda de perfume
lejano de las algas y enemigo del viento.

—¿Mariano, a qué vienes? —Vengo de las estrellas.
Allí se bebe brisa y no cuesta nada ...
—¿Y qué buscas en la tierra? —Busco un hombro moreno
donde pueda a la noche deshojar mi cabeza.

El farol de la puerta lo ha encendido la tarde;
alguien canta lejano en idioma extranjero;
el mostrador se llena de aguardiente y de risa
y los hombres discuten de mujeres y barcos.

“Te pareces a un novio que yo tuve hace tiempo;
se tatuó mi nombre y mis dos apellidos,
y cuando no bebía en las noches de luna
me cantaba canciones de su tierra caliente ...”

Dos marinos ingleses bailan en las losetas
un loco “typperary” sin ritmo ni concierto.
La botella de vino espera destapada
la caricia de sangre de una sien dolorida.

—Oye, ¿Cómo te llamas? —¡Qué te importa mi nombre!
¡Estrella! ¡Rosa! ¡Carmen! Dime tú como quieras;
el mar nos ha quitado la patria y la memoria
y no sabemos nunca el día en que vivimos.

La vieja de las flores, en su locura mansa,
va repartiendo, alegre, billetes del tranvía.
Dicen que tuvo un hijo galán y marinero
y un día de levante le encontraron ahogado.

¿Qué quieres que te traiga? ¿Un mantón filipino?
¿Una caja de conchas? ¿La piel de una sirena?
—Tráeme una caracola grande como tus ojos
y así tendré ya siempre el mar dentro de casa.

La noche va subiendo por el acantilado,
apagando el gemido de los acordeones.
“La Camelia” se llena de marinos azules
y el dominó sonríe como una dentadura.





Rafael de León
Romance del amor oscuro
Ediciones Musicales Milco. Buenos Aires, junio de 1957





domingo, 24 de junio de 2012

La Voz en Cuello 1992


Aviso en la revista Clepsidra número 32.
Año 1992 (poco tiempo antes de la apertura de la librería Stevenson).






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jueves, 7 de junio de 2012

Unos fragmentos de Chamico


Chamico (Conrado Nalé Roxlo)
Mi pueblo
Kapelusz - BA - 1985

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[ p.40 - p.42 ]

Mi pueblo conoció tres clases de alumbrado público y mucha oscuridad.

(...)

Recordaré. eso sí, el homenaje que tributó el pueblo al vecino caracterizado que plantó el primer farol en la esquina de su casa, homenaje que despertó los celos de otro vecino, más viejo y más caracterizado, ya que la barba le llegaba a la faja, quien, para no ser menos, se sirvió su homenaje como introductor del alumbrado lunar.

(...)

La luz tenía otra particularidad, y era que se apagaba de cada hora, media. Pero nadie chistó, pues creíamos que eso era lo que se llamaba corriente alternada.

(Alumbrado público)

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[ p.44 - p.45 ]

Don Hércules [el único y tradicional relojero del pueblo] era tan viejo que decían las malas lenguas que había comenzado arreglando relojes de arena.

(...)

Harto el pobre jefe de oír las quejas de los viajeros y de los que iban a pasear a la estación a la hora de los trenes, que eran los más exigentes, optó por mover con sus propias y resignadas manos las manecillas del reloj de acuerdo con las circunstancias. Si el mixto de la nueve y trece venía con una hora de atraso, el jefe acomodaba el reloj desde que tenía noticia de la demora. Y así los concurrentes a la estación, que se habían guiado por los otros relojes anárquicos, no sabían a ciencia cierta con qué retraso llegaba el tren y las quejas se detenían al borde del libro de quejas.

(Meridiano local)

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[ p.54 - p.55 ]

En aquel tiempo la juventud dorada de nuestros pueblos chicos acostumbraba a pasearse en las estaciones al atardecer con el pretexto de ver pasar los trenes. Pero como por la nuestra no pasaban más que dos trenes, uno por la mañana y otro a altas horas de la noche, la gente, falta de aquella excusa, no se atrevía a ir, lo que en realidad no era más que un prejuicio de aldea, ya que iban a la plaza, por donde tampoco pasaban trenes. Pero en los pueblos son así.

(Ferroviaria)

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[ p.57 ]

Cuando la modista francesa se instaló en el pueblo produjo un gran revuelo, y no sólo de faldas.

(Víctima de la competencia)

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[ p.61 ]

—La primera vez que me mamé fue en Yapeyú, el día que se corrió la noticia de que acababa de nacer el general San Martín...

(El Negro Diana)

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viernes, 20 de abril de 2012

Cornisa



Otra colección de poemas para quien quiera pasar un rato de lectura inocente.

Se la puede bajar de

http://www.autorexus.com.ar/xmoure/120412_cornisa.pdf

Se lo puede compartir o subir adonde fuera apropiado sin restricciones.

Gracias y hasta la pröx.






jueves, 29 de marzo de 2012

Heisenberg y tus cortinas


Ha llegado el día:

El interesado puede bajar esta colección de poemas desde
http://www.autorexus.com.ar/xmoure/120327_heisenberg.pdf

Es un PDF y probablemente se lo pueda ver desde dentro del navegador; no obstante lo cual recomiendo bajarlo a la compu y leerlo mediante el Acrobat: se verá mejor.

Quien así lo desee puede compartirlo, tanto privada como públicamente, en blogs y en muros de vecinos, también en grupos a los que asista.
En unos días habré terminado la confección de un libro artesanal presentado en una caja. Lo podrá pedir también cualquiera; pero advierto que éste habrá que comprarlo. Si los poemas resultaran agraciados, esta caja pudiera resultar un buen regalo.

Bien; tampoco tardará otra colección contemporánea de la presente y se la podrá ver en este mismo álbum de fotos.

Nos vemox.









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miércoles, 7 de marzo de 2012

Libros viejos




Tengo por costumbre creer que las cosas que me pasan no son comunes al resto de las personas, sobre todo en lo que respecta a los sentimientos —en tiempos idos, creía lo contrario y me encontré con desilusiones de no baja talla.

Por ejemplo: la sensación que me invade al leer un libro usado, sobre todo si es viejo —y, cuando digo viejo, me refiero a esos libros que tienen fechas de imprenta anteriores a mi nacimiento o de los años cuando estaba en la escuela primaria.

Ahora, estoy leyendo un ejemplar de “Far Away and Long Ago”, de Hudson, que tiene un sello de Mackern’s, la vieja librería de la calle Sarmiento a la que papá solía ir cuando nos pedían lecturas desde la escuela o, cada tanto y sencillamente, porque le quedaba cerca cuando salía del trabajo.

La edición es de 1947 por lo que es de suponer que fue comprado en algún momento posterior a ese año aunque cercano; y tiene en la primera hoja, esa hoja blanca de rigor que va pegada a las tapas, duras en este caso, escrito en tinta el nombre de uno de sus lectores, una mujer: Myra Glotkin —este nombre está en birome, lo cual me hace pensar que no fue su primer lector (este pensamiento fue exagerado; supuse que la birome no se había inventado en 1947, pero resulta que sí, que fue inventada en 1938, en Hungría, por Ladislao Biro; así que bien pudo haber sido la señorita Glotkin su primera lectora allá por el ’47 o poco después).

También tiene diversas anotaciones en lápiz a lo largo de sus páginas: significados de palabras y fonéticas para pronunciación; lo cual indica que esta lectora o algún otro lector utilizó este libro en su aprendizaje del idioma inglés tal como yo lo hice con otros libros cuando tenía entre cinco y diez años.

La edición es de J M Dent and Sons —de la calle Bedford, en Londres— y en la retiración de la portada interior dice: “This book is produced in complete conformity with the authorized economy standards”, leyenda obligatoria y que recuerda la economía de post-guerra: duros años para el pueblo británico —lo cual lleva a pensar acerca de las contraindicaciones que presenta ganar una guerra.

Después de la hoja blanca mencionada más arriba, viene una página en blanco y, en su retiración, hay una lista de títulos publicados por la editorial. Lo interesante de esta lista es que se trata de libros destinados a los jóvenes adolescentes, y ¿qué autores incluye?: Thackeray, Dickens, Conrad, Eliot, Austen, Scott, Brontë (Charlotte), Bunyan, Swift... de este último se anuncia “Gulliver’s Travels” y se aclara: “Passages unsuitable for school use deleted” (decíme si no es devastador) —a pesar de la salvedad relacionada con Swift, cabría preguntarse por qué los adolescentes de entonces no frecuentaban las mismas lecturas que los de hoy.

Ahora bien, lo que viene a cuento de mis sensaciones es esta cosa de cómo el tiempo tiene su estilo: el modo como deja sus marcas.

Esas personas que leyeron este libro comenzando hace más de 60 años, son también yo. Con la diferencia que viene de tomar como referente al mismo Hudson: la edición fue impresa más de 100 años después de su nacimiento (que fue en 1841), pero ahora hace ya 90 de su muerte. Y en esas páginas cuenta cómo eran sus días cuando tenía 6 años y pocos más; o sea que estamos hablando de los últimos días del gobierno de Rosas: había niños jugando por las pampas mientras que otros, humanos de más edad, se mataban a cuchillo en las calles de Buenos Ayres y de otras ciudades y pueblos no muy lejanos.

Así, estas sensaciones y pensamientos que se me vienen no son comunes al resto de las personas; nada más tengo que salir a la calle para comprobarlo.





















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sábado, 7 de mayo de 2011

Sobre los escritores de la generación beat

Al Dr. T. R. Spivey
21 de junio de 1959

Sobre los escritores de la generación beat:

No se puede confiar en ellos como poetas tampoco porque están demasiado ocupados en actuar como poetas. El verdadero poeta es anónimo, en cuanto a sus hábitos, pero estos muchachos tienen que mirar, actuar, y al parecer oler como poetas.


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To Dr. T. R. Spivey
21 June 1959

About the beat writers:

You can’t trust them as poets either because they are too busy acting like poets. The true poet is anonymous, as to his habits, but these boys have to look, act, and apparently smell like poets.



Flannery O’Connor
Collected Works
The Library of America, 1988, NY, USA

Letters

[ p.1098 ]



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viernes, 18 de febrero de 2011

Historia de los hombres-huecos y de la Rosa-amarga



Los hombres-huecos viven en la piedra, se pasean por ella como cavernas móviles. Se pasean sobre el hielo como burbujas de forma humana. Pero no se aventuran por el aire, pues se los llevaría el viento.

Poseen casas en la piedra, cuyas paredes están hechas de agujeros, y carpas en el hielo cuya tela es de burbujas. Durante el día permanecen dentro de la piedra, pero de noche vagan por el hielo y bailan a la luz de la luna. Jamás ven el sol, pues de hacerlo explotarían.

El vacío es su único alimento, comen la forma hueca de los cadáveres y se embriagan de palabras huecas, de todas las palabras huecas pronunciadas por nosotros.

Hay quienes dicen que desde siempre han sido y por siempre serán. Y hay quienes dicen que son muertos. Y también están los que opinan que cada ser viviente posee su hombre-hueco en la montaña —en la misma forma en que la espada tiene su vaina, el pie su huella— y que al morir se juntan y forman uno solo.

En la aldea de las Cien-casas vivían el viejo sacerdote-mago Kissé y su mujer Hule-hulé. Tenían dos hijos, dos mellizos que en nada se diferenciaban, llamados Mo y Ho. Hasta su madre los confundía. Para reconocerlos, el día en que se les impusieron sus nombres, le colocaron a Mo un collar con una crucecita y a Ho un collar con un anillito.

Una honda preocupación aquejaba al viejo Kissé. Según la costumbre, debía sucederle su hijo mayor. Pero, ¿quién era su hijo mayor? ¿Acaso lo tenía siquiera?

Al llegar a la adolescencia, Mo y Ho ya eran montañeses hechos. Se los apodaba “los dos Todo-atraviesa”. Un día su padre les dijo: “A aquél de ustedes que me traiga la Rosa-amarga le transmitiré la gran sabiduría.”

La Rosa-amarga se halla en la cima de los picos más elevados. Y el que come de ella, en cuanto quiere decir una mentira grande o chica, siente un terrible ardor en la lengua. Aún puede mentir, pero queda advertido. Algunos han visto a lo lejos la Rosa-amarga: cuentan que se parece a un enorme liquen multicolor o a un enjambre de mariposas. Pero nadie ha conseguido nunca arrancarla pues el menor estremecimiento de temor cerca de ella la asusta y se esconde entre las rocas. Y, aunque se la desea siempre se teme un poco poseerla, y entonces desaparece de inmediato.

Al hablar de una acción imposible o de una empresa absurda, se dice: “es como querer ver la noche en pleno día” o bien: “es como querer iluminar al sol para verlo mejor”, pero también puede decirse: “es como querer conseguir la Rosa-amarga”.

Mo ha tomado sus cuerdas, su martillo, su hacha y sus garfios de hierro. Lo ha sorprendido el sol en el flanco del pico Rompe-nubes. Como lagartija, a veces como araña, va subiendo las altas paredes rojas, entre el blanco de las nieves y el azul-negro del cielo. A veces lo envuelven nubecillas ligeras y luego, súbitamente, lo devuelven a la luz. Pero de pronto divisa a la Rosa-amarga un poco más arriba de donde él está, y la Rosa-amarga brilla con colores que no son los siete colores. Constantemente repite el sortilegio que su padre le ha enseñado para protegerlo del miedo.
Ahora necesitaría un pico, con estribo de cuerda, para montar al caballo de piedra encabritado. Golpea con el martillo y la mano se le hunde en un agujero. Hay un hueco debajo de la piedra. Destroza la corteza y entonces ve que el hueco tiene forma humana: torso, piernas, brazos y también huecos en forma de dedos separados como de miedo; lo que él ha hundido con su martillazo es la cabeza.

Corre un viento frío sobre la piedra. Mo ha matado a un hombre-hueco. Se estremece y la Rosa-amarga se esconde en la roca.

Mo desciende a la aldea y le dice a su padre: “He matado a un hombre-hueco. Pero he visto a la Rosa-amarga y mañana iré a buscarla.

El viejo Kissé se tornó sombrío. Presentía una procesión de desgracias. Dijo: “Guárdate de los hombres-huecos. Querrán vengar su muerto. No pueden penetrar en nuestro mundo, pero sí llegan hasta la superficie de las cosas.

Al día siguiente, al alba, Hule-hulé, la madre, profirió un gran grito, se levantó y corrió hacia la montaña. Al pie de la gran muralla roja estaba la ropa de Mo, sus cuerdas y su martillo y su medalla con la cruz. Pero el cuerpo había desaparecido.

-¡Ho, hijo mío! –gritó al volver- hijo mío, han matado a tu hermano!

Ho se yergue con los dientes apretados mientras se le arruga la piel de cráneo. Toma su hacha y quiere partir. Su padre le dice: “Escucha, primero. Esto es lo que hay que hacer. Los hombres-huecos se han apoderado de tu hermano y lo han convertido en hombre-hueco. Pero él querrá escapárseles. Irá allí donde se amontonan las piedras en el glaciar límpido, irá allí para buscar la luz. Ponte alrededor del cuello su medalla y la tuya. Entonces ve hacia él y golpéalo en la cabeza. Entra en la forma de su cuerpo y Mo tornará a vivir entre nosotros. No temas matar a un muerto”.

Ho mira ávidamente al hielo azul del límpido glaciar. ¿Será acaso un juego de luz o son sus ojos los que se confunden, o realmente está viendo lo que cree ver? Ve formas plateadas, como buzos aceitados dentro del agua, con brazos y piernas. Y ahí está su hermano Mo, forma hueca que se escapa, y mil hombres-huecos lo persiguen, pero temen a la luz. La forma de Mo huye hacia la luz, sube hasta un gran montón de piedras azuladas y gira sobre sí misma como buscando una puerta.

Ho se abalanza aunque se le hiela la sangre en las venas y aunque se le parte el corazón le habla a su sangre, a su corazón : “no temas matar a un muerto”, golpea la cabeza rompiendo el hielo. La forma de Mo se inmoviliza, Ho destroza el hielo de las piedras y penetra en la forma de su hermano, como una espada en su vaina, o un pie en su huella. Da codazos, se sacude y arranca las piernas de entre el molde de hielo.
Entonces oye que le hablan con palabras de un idioma nunca antes hablado por él. Comprende que es Ho y Mo al mismo tiempo. Todos los recuerdos de Mo están ahora en su memoria junto con el camino del pico Rompe-nubes y la morada de la Rosa-amarga.

Lleva en el cuello el anillo y la cruz y se acerca a Hule-hulé: “Madre, ya no será para ti difícil reconocernos, Mo y Ho están en un solo cuerpo, soy tu único hijo Moho”.

El anciano Kissé vertió dos lágrimas, se le desarrugó el ceño. Pero aún lo asaltaba una duda. Le dijo a Moho: “Eres mi único hijo, Ho y Mo ya no tienen por qué distinguirse uno de otro”.

Pero Mo le habló con certeza: “Ahora sí puedo llegar hasta la Rosa-amarga. Mo conoce el camino, Ho sabe qué debe hacerse. Habiendo dominado el miedo, conseguiré la flor del discernimiento”.

Recogió la flor, el saber fue suyo, y el anciano Kissé pudo abandonar este mundo.



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René Daumal
El Monte Análogo
Mundonuevo - Entregas del A Bao A Qu
BA – 1961
Versión directa de Alicia Renard
[ pp.73-78 ]






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martes, 4 de enero de 2011

La faz más abrupta



(...) pertenecía a la escuela de alpinismo que —grosso modo— podría denominarse "escuela alemana". El método de esa escuela puede resumirse así: se ataca la faz más abrupta de la montaña por el corredor que se presente peor y donde haya más desprendimientos de piedras, se sube de un tirón hasta la cima, sin permitirse la búsqueda de rodeos más cómodos ni a izquierda ni a derecha; en general esto termina con la muerte, aunque de vez en cuando sucede que una cordada nacional consigue llegar viva hasta la cima.



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René Daumal
El Monte Análogo
Mundonuevo - Entregas del A Bao A Qu
BA - 1961
[ p.40 ]



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Nota : Leía este fragmento y no podía dejar de pensar en la composición de un texto — si me apuran, especialmente de un poema — y lo escrito de este modo puede que sea, casi con seguridad, lo único interesante.



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