Figuritas encontradas — imposibles de abandonar ::: Todo esto debe ser considerado como dicho por un personaje de novela — o más bien por varios. (Barthes) ::: drmoure@yahoo.com.ar ::: Las "versiones al castellano" provienen de mi gusto y parecer
viernes, 3 de abril de 2009
Sépase
Me dijo que me traía un regalo. Y resultó ser un poema dedicado.
No tuve más remedio que mardarla al carajo.
—Ya sabés —le dije—; la próxima vez, mejor una Parker.
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jueves, 2 de abril de 2009
Los relojes del librero
Por lo general, si una persona te dice que pasará a buscar un libro entre las 14 y las 16 horas, lo más probable será que llegue a las 16:15.
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PS : Si la suerte es buena.
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lunes, 30 de marzo de 2009
Más hondo
Hay vidas
en las que el alma
                  se abre
                  más hondo
                  que donde esas vidas laten,
se abre como un relámpago
sin cielo ni trueno,
            como una herida sin pecho  
                                      o un abismo
                                                  donde la belleza es alba.
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Hugo Mujica
Inédito
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domingo, 29 de marzo de 2009
martes, 24 de marzo de 2009
La escritura y la otra
Me gusta cuando un escritor de 40 años escribe como un escritor de 40 años; no como si tuviera 17. Hay una gran diferencia ente una escritura joven y una pendejada escrita. No obstante parece que hay una mayoría que obtiene inmenso placer en pasar por pelotuda.
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lunes, 23 de marzo de 2009
Más de lo mismo
En fin ... Se juntan dos con camisetas del mismo color y enseguida creen que tuvieron una idea.
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sábado, 21 de marzo de 2009
Una espina en la arena
Las coincidencias sí existen. (House dixit)
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martes, 17 de marzo de 2009
Que sí que no

Fotos : Colman, 2008
Lugar : Laprida entre Pachecho de Melo y Juan M Gutiérrez
Buenos Aires - RA
10 de marzo de 2009
Para más :
Claroscuros citadinos
Buenos Aires en sus barrios y restos
http://clarcitad.blogspot.com/
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lunes, 9 de marzo de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
Notas sobre traducción
- para Eliot Weinberger
La voz y el bosque
Cualquier lector literario de nuestro país medianamente informado sobre los hechos y las obras de la poesía mexicana del siglo xx sabe que Xavier Villaurrutia (1903-1950) fue un poeta y dramaturgo notable, perteneciente a la generación llamada de los Contemporáneos. No es difícil suponer que, invitado a citar algo de ese autor, este lector conjetural descubra en su memoria aquel conocido y maravilloso acierto villaurrutiano, parte de un poema titulado "Nocturno en que nada se oye", que forma parte a su vez del libro Nostalgia de la muerte:
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
La voz y el bosque maduran y queman en este brillante esfuerzo eufónico y a la vez significante del poeta, en el que se despliegan cuatro frases que suenan exactamente igual pero que quieren decir cuatro cosas diversas.
Los lectores que descubrimos, hace ya mucho tiempo, esos versos realmente asombrosos de Villaurrutia, ya sea leídos en silencio en las páginas de un libro o escuchados y examinados en la voz de alguien que deseaba intensamente comentarlos, hemos compartido decenas, acaso cientos de ocasiones, con nuestros amigos y conocidos, ese inolvidable segmento de la poesía mexicana moderna. Y cada vez nos animaba el propósito de descubrirle ese autor a esos posibles lectores, de enseñarles qué tan ingenioso era y con qué rigor imaginativo había descubierto, maquinado o fabricado este juego memorable.
Esas cuatro líneas han sido una puerta de entrada perfecta a la poesía de Xavier Villaurrutia para cientos de lectores de sus poemas. Quiero decir, para los lectores de nuestro país, de nuestro idioma. Habría que preguntar, sin embargo: ¿y los lectores de otros idiomas? ¿Quedarán ellos fuera de este juego poético, fonético, significante? ¿Por qué habría de ser así? No hace mucho el escritor estadunidense Eliot Weinberger tradujo al inglés Nostalgia de la muerte y le ofreció a sus compatriotas —quiero decir, a todos aquéllos que con él comparten el idioma inglés— una versión, que es al mismo tiempo una visión, de ese juego villaurrutiano. He aquí la "traducción" —entre comillas, pero puede ser sin comillas— que Eliot Weinberger hizo de esos memorables versos mexicanos:
and my voice incinerates
and my voice in sin narrates
and my voice in sin elates
and my poison scintillates
Estas cuatro líneas, traducidas de nuevo al español —ejercicio un poco ocioso, es verdad, pero significativo, por supuesto, para mostrar el talante y el talento poéticos de Eliot Weinberger, que a mí no me parecen nada desdeñables, sino todo lo contrario— darían más o menos lo siguiente:
y mi voz incinera
y mi voz narra pecaminosa
y mi voz se regocija en el pecado
y mi veneno cintila
Esas líneas que he mostrado —la acertada traducción villaurrutiana de Weinberger; mi intento de agregar un tercer texto, ya muy indirecto, y un poco ocioso, al acervo poético— son ganancias de ese nomadismo intelectual, lingüístico y literario que es toda empresa de traducción. Y, en mi opinión, constituyen la recompensa evidente de esas empresas traductoriles que tienen mayor valor: las traducciones de poesía, de poemas, de textos de máxima concentración significativa.
Hace muchos años, en algún momento de la primera mitad de nuestro siglo, el gran poeta estadunidense Robert Frost habló de la poesía como aquello que se pierde en la traducción ("that which gets lost in translation"); en años recientes, Eliot Weinberger ha refutado con brillantez a Frost afirmando lo siguiente: "La poesía es lo que vale la pena traducir" (Poetry is that which is worth translating). Me siento, por todo tipo de motivos, más cerca de la posición literaria e intelectual de Weinberger que de la de Frost: la de éste me parece la expresión de un ingenio agudo, provocativo, no muy profundo —por lo menos en ese momento— y sin mayores fundamentos intelectuales de índole probatoria. La postura de Weinberger me parece más razonable, más sensata y, lo que me resulta más importante que todo lo demás, mucho más hondamente comprometida —apasionadamente comprometida, diría yo— con la poesía. Frost dice como en passant, sin darle mucha importancia al asunto, que la poesía es intraducible. Weinberger dice que la poesía no solamente puede traducirse sino cuánto vale la pena hacerlo.
Remito a los interesados a los libros de ese magnífico ensayista que es Eliot Weinberger: Works on paper y Outside stories, en especial sus tres notas sobre poesía incluidas en el segundo de esos libros. Pocos textos tan iluminadores sobre el problema de la traducción —el más consustancial a las letras, lo llamó Jorge Luis Borges— he leído en los últimos años como ése de Weinberger.
Un capricho del canónigo Copérnico
A semejanza del poeta Friedrich Hölderlin, el gran astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) vivió los últimos años de su vida aislado en una torre, en la que al fin murió. Esa torre copernicana se encontraba en una ciudad de la Prusia Oriental, sobre la costa del mar Báltico, llamada Frauenburg. El astrónomo tenía un capricho curioso: llamaba a esa ciudad con otro nombre que era —laberintos de la traducción— el mismo que legítimamente le correspondía. Copérnico llamaba Gynópolis a la ciudad de Frauenburg; es decir, helenizaba el nombre alemán, curioso capricho. Un capricho de traductor clasicista. Sí, pero también una curiosidad que a mí, por lo menos, me resulta enormemente simpática.
Mi alemán y mi griego son de poca monta, si alguna tienen; quiero decir que son casi nulos y el casi indica un ligero margen en el que cabe mi germanística preparatoriana y mi helenismo, también preparatoriano. Pero puedo asegurar que el capricho clasicista y helenizante de Copérnico me agrada porque desde el principio lo entendí, es decir, desde que leí acerca de él en un libro de Arthur Koestler titulado Los sonámbulos. La palabra Frauenburg me resulta perfectamente clara en sus dos partes: la parte, una vez más, que dice "mujeres" y la parte que dice "ciudad"; lo mejor de todo esto es que también la palabra Gynópolis me resulta perfectamente clara en sus dos partes: la parte, una vez más, que dice "mujeres" y la parte que dice "ciudad".
En ese mismo libro de Arthur Koestler se habla de un extraño y genial astrónomo alemán, Johann Müller (1436-1476), al que apodaban "el Regiomontano" porque era de la ciudad alemana de Königsberg; de modo que, ya en franco plan de broma, los mexicanos podemos hablar de esa ciudad norteña del estado de Nuevo León que se llama Königsberg o, en simple y llano español, Monterrey —con todo y el Cerro de la Silla, lugar de nacimiento, por añadidura, del polígrafo y poeta Alfonso Reyes, melancólico traductor de la llíada.
Aquel capricho del canónigo y astrónomo Nicolás Copérnico —cuyo nombre traducimos, por decirlo así, del latín, Copernicus, al que tradujeron su original nombre polaco: Koppernigk—, curiosidad que descubrí en las páginas del libro de Koestler sobre los astrónomos —es decir, los sonámbulos del título— es, para mí, desde entonces, algo así como el emblema de los laberintos de la traducción, del gusto que da perderse en ellos y de las riquezas, menudas y copiosas, que puede uno encontrar allí. Sólo habría que agregar a esa nómina de los nombres, en diferentes idiomas, de la Ciudad de las Mujeres, el nombre mexicano del puerto y playa de Zihuatanejo, en el estado de Guerrero, sobre el océano Pacífico.
David Huerta
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Estos dos artículos fueron tomados de una nota de tres, titulada "Tres notas sobre traducción", del número 60 de la revista «Crítica» (Nueva época, abril-mayo 1995).
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Grito de hielo
( ... )
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
( ... )
Xavier Villaurrutia
Del poema "Nocturno en que nada se oye"
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Parte de esta cita fue tomada de una nota de tres, titulada "Tres notas sobre traducción" y escrita por David Huerta, del número 60 de la revista "Crítica" (Nueva época, abril-mayo 1995).
El poema completo puede leerse en
http://autorexus.com.ar/sint_axis/villaurrutia_oye.html
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viernes, 27 de febrero de 2009
jueves, 26 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
martes, 3 de febrero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
La huella menor
Pero nunca decía nada; sabía perfectamente que el silencio y la palabra no dejaban la menor huella en el ánimo del jugador. Por eso, su pena era silenciosa. Apenas si se asomaba a sus ojos, a las cansadas, al ver pasar un vendedor ambulante, o por las tardes, a esa hora en que el campo se prodiga en sugestiones de distancia y lejanía.
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Amaro Villanueva
El calzoncillo cribao
Cuentos del Litoral
Varios autores
Selección y prólogo de Rosa Troiani
Ediciones Culturales Argentinas - BA - 1959
[ pp.81 ]
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lunes, 26 de enero de 2009
domingo, 25 de enero de 2009
Canción de cuna
Nos contamos con los dedos de diez manos
y no es uno
separado
el sol
ni el abrazo
ni el arte
del mago
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sábado, 24 de enero de 2009
El tiempo que pasa
Tu piel como el alba
La mía como el anochecer.
Una pinta el comienzo
de un cierto final.
La otra, el final de un
comienzo seguro.
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Maya Angelou
Oh Pray My Wings Are Gonna Fit Me Well - Part Two
Poems
Bantam Books - NY - 1986
[ p.62 ]
Posible interpretación (o versión) al castellano de Daniel R Mourelle
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Passing time
Your skin like dawn
Mine like dusk.
One paints the beginning
of a certain end.
The other, the end of a
sure beginning.
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El castellano tiene palabras hermosas
Encantamiento
Nota : Lástima que el manoseo haya provocado que apenas se la pueda componer secretamente.
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La cosa
—Créame que no es pa contarlo... En cuanto levanté el tres telas, lo primero que apareció jué un surubí grandote, del que no quedaba más que la cabeza y el esqueleto... Así lo habían dejado las palometas. Dispués, güeno, dispués apareció lo que quedaba de don Espíndola... Hubiera visto, amigo... Era puro blanquear los güesos, no más, y por la cara no se lo hubiera conocido... Es fiero, se lo aseguro, ver un cristiano así... Yo comencé a las boquiadas, el mocito rubio se largó a llorar y a tirarse de los cabellos y el maestro casi se desmaya... Lo demás, ¿pa qué se lo voy a contar?... Nunca pudo saberse cómo jué la cosa...
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Segundo Ramiro Briggiler
Destino
Cuentos del Litoral
Varios autores
Selección y prólogo de Rosa Troiani
Ediciones Culturales Argentinas - BA - 1959
[ pp.67-68 ]
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jueves, 22 de enero de 2009
Aclaración a la leyenda de la Caravana
Tu figura sin límite
va camino
a la disonancia
Tu figura de nombre común
va por el camino
y no oye
. . .
Cuentan los gigantes que hay
una caravana
y
cuentan que avanza
a la par de nuestro mundo
y
ya lo sabemos
contar
afila el hambre
de los gigantes
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Díagris
El día cuelga pesado
flojo y gris
cuando estás ausente.
Una corona de espinas
una camisa de pelo
es lo que visto.
Nadie conoce
mi corazón solitario
cuando estamos separados.
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Maya Angelou
Oh Pray My Wings Are Gonna Fit Me Well - Part Two
Poems
Bantam Books - NY - 1986
[ p.64 ]
Posible interpretación (o versión) al castellano de Daniel R Mourelle
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Greyday
The day hangs heavy
loose and grey
when you're away.
A crown of thorns
a shirt of hair
is what I wear.
No one knows
my lonely heart
when we're apart.
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44
Don Juan se acuesta nomás. Está a muchas leguas y como va a volver cargado no quiere correr riesgos. Trabajo le dio encontrar balas del 44 y otros encargos de las mujeres, pero apenas quiere aclarar sale contento, sin haberse olvidado de nada.
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Luis Gudiño Kramer
Don Juan de la Cruz Cardoso
Cuentos del Litoral
Varios autores
Selección y prólogo de Rosa Troiani
Ediciones Culturales Argentinas - BA - 1959
[ p.46 ]
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martes, 20 de enero de 2009
Ocasiones y reservas
Afluyó gente de la vecindad. Las mujeres plañeron y los hombres elogiaron las virtudes del muerto y de una caña paraguaya, reservada para las grandes ocasiones.
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Mateo Booz
Las vacas de San Antonio
Cuentos del Litoral
Varios autores
Selección y prólogo de Rosa Troiani
Ediciones Culturales Argentinas - BA - 1959
[ p.22 ]
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domingo, 18 de enero de 2009
comentario XXXII
como madero haciendosé
llama de vos / todo embestido
por vos / fuego de vos / el alma
sube hasta vos / o paladar
que moja tu saliva como
rocío de ternura / o
boda solar de tu saliva
llevando a piedra la palabra
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Juan Gelman
En abierta oscuridad
Siglo XXI Editores
México - 1993
[ p.70 ]
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24.06.05
Ayer vino mi madre muerta a visitarme.
Vino vestida de entrecasa, con su gastado delantal a cuadros,
que colgaba de un gancho en la cocina.
No preguntó por nada ni por nadie. Simplemente,
quería saber si todo se encontraba en orden:
las camas tendidas, los cuartos ventilados,
las plantas podadas y con agua...
De paso, me recordó que la felicidad no dura,
que el amor es triste y duele demasiado
y que, al final, sólo queda arreglárselas como se puede.
También me dijo que no comiera dulces
y, sobre todo, que me cuidara del invierno,
que, en invierno, el viento suele ser traicionero en las esquinas.
Después, cuando la tarde agonizaba,
salió a la calle, saludó a los vecinos como de costumbre
y se fue con su escolta de ángeles indulgentes.
Sí, ayer vino mi madre muerta a visitarme.
(Ayer vino mi madre)
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César Cantoni
Diario de paso
Hespérides - La Plata (BA) - 2008
[ p.15 ]
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domingo, 4 de enero de 2009
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