Creo que hasta los más mansos son peligrosos, así que me parece prudente no irritar a nadie a sabiendas cuando no resulte imprescindible; odiar, además, siempre deviene un ejercicio fatigoso que exige prestar enorme atención a los demás, algo que me cansa (tengo comprobado que la amistad suele ser distraída, mientras que quienes nos son realmente hostiles nunca dejan de estar halagadoramente pendientes de nosotros).
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Fernando Savater
Mira por dónde
Taurus ; 2003
[ p.252 ]

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