martes, 27 de febrero de 2007

Fernando Savater - Mira por dónde



... lo que a mí me gusta son las obras habladas, la palabra teatral, y lo que ahora suele prevalecer son la escenografía, las piruetas y el estruendo. A la gente le aburre escuchar y a mí me fastidian las luces y las contorsiones.



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Fernando Savater
Mira por dónde
Taurus ; 2003
[ p.147 ]

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jueves, 22 de febrero de 2007

André Breton - Manifiesto del Surrealismo

 
Reducir la imaginación a la esclavitud, aún cuando se juegue eso que vulgarmente se llama la felicidad, es apartarse de todo lo que hay en lo íntimo del hombre de justicia suprema. Solamente la imaginación me presenta lo que "puede ser" y es suficiente para levantar la terrible interdicción: suficiente también para que me abandone a ella sin temor de equivocarme...


André Breton
Manifiesto del Surrealismo

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Jean Baudrillard - De la seducción

 
Un destino indeleble recae sobre la seducción. Para la religión fue la estrategia del diablo, ya fuese bruja o amante. La seducción es siempre la del mal. O la del mundo. Es el artificio del mundo. Esta maldición ha permanecido a través de la moral y la filosofía, hoy a través del psicoanálisis y la "liberación del deseo". Puede parecer paradójico que, promocionados los valores del sexo, del mal y de la perversión, festejando hoy todo lo que ha sido maldito su resurrección a menudo programada, la seducción, sin embargo, haya quedado en la sombra —donde incluso ha entrado definitivamente.

El siglo XVIII aún hablaba de ello. Incluso era, con el duelo y el honor, la gran preocupación de las esferas aristocráticas. La Revolución burguesa le ha puesto fin (y las otras, las revoluciones ulteriores, le han puesto fin sin apelación —cada revolución pone fin ante todo a la seducción de las apariencias). La era burguesa está consagrada a la naturaleza y a la producción, cosas muy ajenas y hasta expresamente mortales para la seducción. Y como la sexualidad proviene también, como dice Foucault, de un proceso de producción (de discurso, de palabra y de deseo), no hay nada de sorprendente en el hecho de que la seducción esté todavía más oculta. Seguimos viviendo en la promoción de la naturaleza —ya fuera la en otros tiempos buena naturaleza del alma, o la buena naturaleza material de las cosas, o incluso la naturaleza psíquica del deseo—, la naturaleza persigue su advenimiento a través de todas las metamorfosis de lo reprimido, a través de la liberación de todas las energías, ya sean psíquicas, sociales o materiales.

La seducción nunca es del orden de la naturaleza, sino del artificio —nunca del orden de la energía, sino del signo y del ritual. Por ello todos los grandes sistemas de producción y de interpretación no han cesado de excluirla del campo conceptual —afortunadamente para ella, pues desde el exterior, desde el fondo de este desamparo continúa atormentándolos y amenazándolos de hundimiento. La seducción vela siempre por destruir el orden de Dios, aun cuando éste fuese el de la producción o el del deseo. Para todas las ortodoxias sigue siendo el maleficio y el artificio, una magia negra de desviación de todas las verdades, una conjuración de signos, una exaltación de los signos en su uso maléfico. Todo discurso está amenazado por esta repentina reversibilidad o absorción en sus propios signos, sin rastro de sentido. Por eso todas las disciplinas, que tienen por axioma la coherencia y la finalidad de su discurso, no pueden sino conjurarla. Ahí es donde seducción y feminidad se confunden, se han confundido siempre. Cualquier masculinidad ha estado siempre obsesionada por esta repentina reversibilidad de lo femenino. Seducción y feminidad son ineludibles en cuanto reverso mismo del sexo, del sentido, del poder.

Hoy el exorcismo se hace más violento y sistemático. Entramos en la era de las soluciones finales, la de la revolución sexual, por ejemplo, de la producción y de la gestión de todos los goces liminales y subliminales, micro-procesamiento del deseo cuyo último avatar es la mujer productora de ella misma como mujer y como sexo. Fin de la seducción.

O bien triunfo de la seducción blanda, feminización y erotización blanca y difusa de todas las relaciones en un universo social enervado.

O incluso nada de todo esto. Pues nadie podría ser más grande que la misma seducción, ni siquiera el orden que la destruye.



Jean Baudrillard
«De la seducción»

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lunes, 19 de febrero de 2007

Octavio Paz - Teoría y práctica de la traducción

 
Pluralidad de lenguas y sociedades: cada lengua es una visión del mundo, cada civilización es un mundo. [...] En el interior de cada civilización renacen las diferencias: las lenguas que nos sirven para comunicarnos también nos encierran en una malla invisible de sonidos y significados, de modo que las naciones son prisioneras de las lenguas que hablan. [...] En cuanto a las relaciones entre individuos aislados y que pertenecen a la misma comunidad: cada uno es un emparedado vivo en su propio lenguaje.
 
 


Octavio Paz
Teoría y práctica de la traducción

El signo y el garabato
Editorial Joaquín Mortiz
México ; 1986
 

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Joseph Conrad - Typhoon



He sent up his words, tripping over each other, crowding the narrow tube. They mounted as if into a silence of a storm. And Jukes wanted to be dismissed from the face of that odious trouble intruding on the great need of the ship.



Hizo subir sus palabras, que tropezaban unas sobre las otras, hasta hacinar el tubo angosto. Se montaron como en un silencio de una tormenta. Y Jukes quiso ser relevado de la cara de ese odioso problema que se entrometía con la gran necesidad del barco.




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Joseph Conrad
Typhoon

The Nigger of the 'Narcissus'
Typhoon and other stories

Penguin Books ; 1986
[ p.204 ]

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Nota : En otro contexto, tenemos acá un muy ajustado retrato de la composición de un poema — o, si me apuran, de la buena escritura de un texto cualquiera.

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sábado, 17 de febrero de 2007

Graffiti encontrado en Morón



Estos discípulos de R : siempre tan necesitados de mostrar lo inteligentes, vivaces y ocurrentes que son.



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jueves, 15 de febrero de 2007

Manuel Liendo Seminario - Tanto enamorarse para morir

 
XX
 

El teléfono timbró toda la noche.
Más o menos a media noche,
contesté una llamada
y a medias escuché que te matarías.
Continuó sonando el teléfono
toda la noche, mientras soñaba.
 
 


Manuel Liendo Seminario
Tanto enamorarse para morir
Asaltoalcielo / Hipocampo
Octubre de 2004
[ p.54 ]

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viernes, 9 de febrero de 2007