lunes, 26 de octubre de 2015

domingo, 25 de octubre de 2015

Siesta

   
   
Foto : Colman 
Lugar : Río Grande (Tierra del Fuego) 
Septiembre de 2004 

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sábado, 24 de octubre de 2015

viernes, 23 de octubre de 2015

jueves, 22 de octubre de 2015

Subida

   
   
Foto : Colman 
Lugar : Mar del Plata 
Provincia de Baires (RA) 
Enero de 2007

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miércoles, 21 de octubre de 2015

martes, 20 de octubre de 2015

Tempranero

   
   
Foto : Colman 
Lugar : Río Grande (Tierra del Fuego) 
Septiembre de 2004

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domingo, 18 de octubre de 2015

Jean-Paul Sartre : El aplazamiento

   

Una lectura que regresa

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Pares diferentes 2

   
Patricia, su atención pulida como pocas, detrás del mostrador, los había observado entrar y se había acercado justo para escuchar las palabras del Francés; fue ella quien los sacó de su ensueño:—¿Vos la conociste a la Mónika? —le preguntó, a caballo de ese tono confianzudo que se había propagado por todas partes como una infección y que al Francés no le caía nada bien. Pero hacía tanto que no se encontraba rodeado de personas que lo pasó por alto. No es que hubiera muchas en el bar, cinco en total, sin contar al Duardi; pero ya se había hecho a la idea de no encontrar nunca más a nadie y, en consecuencia, aquello era un oasis. También sabía que para calmar la sed bastaba con un vaso de agua; uno solo. Al menos, hasta que la sed regresara.
La observó y vio que era más joven de lo que había pensado cuando entró. Mucho más joven. Hizo que recordara aquel club de poetas que había en Olas Grises; aunque, por causas que le resultaron ajenas, no consiguió recordar bajo qué nombre se reunían, ni cuantos eran; sí le llegó la impresión de que aquellos artistas no le habían caído bien, seguramente se hacían llamar poetas, y era por eso. Sonrió al recordar los días cuando parecían salir desde debajo de cualquier baldosa; fueron sus tiempos de pisar baldosas flojas, incluso en la lluvia; o puede que especialmente.
Pensaba en aquellas cosas y, como quien llega a un lugar que no pensaba visitar, se dio cuenta de que la chica seguía ahí, parada junto a la mesa, y que no le había respondido.
—Sí; tuve la suerte de conocerla... A ella y a todo aquel grupo... Pero fue hace mucho... Es de no creer lo mucho que hace.
—Yo la admiro —le dijo Patricia—; no pasa un día que no piense en ella. Y las cosas de este lugar tienen sus marcas por todas partes.
—Yo no estaría tan seguro —le dijo, tratando de disimular la incomodidad—; a la Mónika mucho no le gustaba este lugar...
—No te lo puedo creer —lo interrumpió, aumentando eso que el Francés percibía como una invasión—. Eso no puede ser cierto. Este lugar tiene todo lo que se pudiera querer. Y encima con el mar ahí nomás; pasa salir a caminar después del trabajo...
El Francés no pudo con su genio:
—Se puede salir a caminar por la playa sin haber trabajado... —Pero no se quedó esperando una respuesta; en realidad, no pretendía ninguna. Miró al Duardi y le preguntó—: ¿Qué te parece si nos tomamos unas cervezas?... ¿y con algo para picar? —Hacía tanto que no estaba en un bar; casi esperaba ver entrar al Viejo en cualquier momento.
—En esta misma mesa me senté con el Beto... dijo el Duardi, y dejó la oración colgando, un poco porque sus pensamientos se fueron por las nubes, y otro porque esperaba que el Francés dijera algo.

sábado, 10 de octubre de 2015

Pares diferentes 1

   
David miró por la ventana y detuvo sus pensamientos mientras el sol de febrero se iba apagando. Por un momento no supo cómo había llegado hasta allí; no fue que lo hubiera asaltado una pregunta, no; simplemente no se reconoció. Si en ese preciso momento alguien le hubiera dicho que su nombre era otro, no habría tenido motivo para dudarlo. Si una persona se le hubiera acercado para preguntarle cómo estaba, bien habría sospechado que era su mejor amigo. Por eso, cuando se percató de que ella estaba al otro lado de aquel alféizar, que lo miraba, divertida, mientras su cabeza y él viajaban por allá, bien arriba, cuando consiguió reflejar la mirada de aquellos ojos oscuros, recién ahí, sonrió, tranquilo, como quien hace poco ha regresado desde otro nombre, otra memoria, un país donde unas palabras se confunden con las de más allá.
—Tus ojos siguen siendo iguales —le dijo cuando se acercó a la mesa donde estaba la taza de café ya vacía.
—Los tuyos están raros —le replicó—; raros... como si hubieran visto cosas que no querían ver.
David dejó que su cabeza diera una vuelta por el pasado y volviera; se le escapó una sonrisa y asintió.
—¿No me vas a invitar a que me siente? —le preguntó en un tono que desbordaba retórica.
Incómodo, David se puso de pie y le acomodó la silla que tenía hacia la derecha; Leonor se sentó y puso la cartera en la mesa dejando lugar frente a ella para un vaso o una taza. David le hizo una seña al mozo para que les trajera dos cafés apenas cortados: el tiempo no sólo se había detenido: había girado sobre sus talones.
Y se largaron a hablar como si se hubieran visto el día anterior; tanto así que, al cabo de un rato, los dos creían que era cierto: que se habían visto durante los últimos meses sin interrupción.
Era ya de noche cuando, en la vereda del bar, David le dijo:
—Bueno... así como nos encontramos hoy, podrían pasar años antes de que nos encontremos de nuevo. Si para vos está bien así, pues así de bien se quedará. —La miró como si le estuviera dando la oportunidad de intervenir; pero como no le dijo nada, continuó—: Pero hay una pregunta que anda flotando por los alrededores y no creo que esté fuera de lugar si la hago: ¿Te gustaría que nos encontráramos de nuevo, como hoy, a tomar un café o unas cocas o lo que te viniera mejor?
Leonor lo miró sin borrar la sonrisa que había tenido en la cara durante la tarde entera:
—Me gustaría, sí —le respondió—; me gustaría. —Se quedó pensando un poco y agregó—: Yo también tengo una pregunta...
—¿Sí?
—¿Cuándo fue que te cambiaste el nombre a David?
—No estoy muy seguro —le contestó—; a lo mejor fue para la misma época cuando vos te cambiaste el tuyo a Leonor.