domingo, 10 de enero de 2010

Unos minutos



Por fin llegamos a Retiro donde se cumpliría el rito ineludible. Consistía en que me asomase a una especie de ojo de buey o tragaluz alto y angosto que permitía ver las aguas del río que lo golpeaban. Durante unos minutos me deleitaba en la contemplación de la corriente que alguien, mucho después, llamaría “de color de león”.



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Magda Ivanissevich de D’Angelo Rodríguez
Quien supiera escribir

La ciudad de mi infancia

Librería Huemul - BA - 1977
[ p.43 ]

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