domingo, 27 de julio de 2008

Compartir la tiniebla



Nada. El artista está solo, abandonado al silencio y al ridículo. Tiene la responsabilidad de sí mismo. Empieza sus cosas y las lleva a término. Sigue una voz interna que nadie oye. Trabajan solos, los líricos, siempre, porque en cada decenio viven pocos grandes líricos (no más de tres o cuatro) dispersos en distintas naciones, poetizando en idiomas varios, por lo común desconocidos unos para los otros: esos phares, faros como los llaman los franceses, esas figuras que iluminan la llanura, los campos, por largo tiempo, pero permanecen ellos en las tinieblas.



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Macedonio Fernández
Escrito de su puño y letra en la última página de un ejemplar de "Una novela que comienza", dedicado a Benjamín Virasoro

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